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El arte de la sobriedad doméstica
Por todas partes hay silencios que, en realidad, no lo son. Hay espacios que parecen vacíos y, sin embargo, están densamente habitados por algo que no se deja nombrar. Basta con detener la mirada un instante más de lo habitual —un segundo más, quizá— para que lo cotidiano se fracture y revele su extrañeza. Eso es, en esencia, lo que propone la exposición “El ojo que escucha”, dedicada a Vilhelm Hammershøi, que el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza acoge esta primavera de 2026

Nicolás Guerrero
29 mar
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