El futuro de Ucrania
- Javier Kreisler

- 26 ago 2025
- 5 Min. de lectura

En el contexto de un conflicto que ha definido la geopolítica europea desde febrero de 2022, el futuro de Ucrania se presenta como un conjunto de escenarios interconectados, donde el posible fin de la guerra con Rusia depende de variables militares, diplomáticas y económicas. A medida que el año 2025 avanza, las negociaciones impulsadas por Estados Unidos bajo la administración de Donald Trump han introducido nuevos elementos en el debate, aunque las posiciones de las partes involucradas permanecen profundamente divididas.
El conflicto ha evolucionado hacia un estancamiento prolongado, con avances rusos limitados en el este de Ucrania, particularmente en la región de Donbás, donde las fuerzas rusas han capturado territorios adicionales en los últimos meses. Según informes del Instituto para el Estudio de la Guerra, las ofensivas rusas en agosto de 2025 han resultado en ganancias territoriales de aproximadamente 10 millas en algunas áreas, pero a un costo humano significativo, con estimaciones que indican alrededor de 230.000 bajas rusas desde el inicio de la invasión. Ucrania, por su parte, ha mantenido defensas robustas en posiciones clave, como en Donetsk, pero enfrenta desafíos crecientes en términos de mano de obra y municiones. Encuestas realizadas por Gallup en 2025 muestran que el 69% de los ucranianos ahora prefieren un fin negociado lo antes posible, en comparación con el 22% al inicio de la guerra, reflejando un agotamiento generalizado. Esta shift en la opinión pública ucraniana no implica una aceptación de las demandas rusas, sino una pragmática evaluación de los costos sostenidos.
Las perspectivas para el fin de la guerra se centran en tres escenarios principales derivados de análisis recientes. El primero involucra una victoria rusa decisiva, donde Moscú consolida el control sobre el Donbás completo y posiblemente expande sus ganancias hacia regiones como Járkov o Sumy. Este resultado se ve facilitado por la superioridad rusa en artillería y reservas humanas, con proyecciones del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales indicando que, si la ayuda occidental se reduce, Rusia podría agotar las reservas de tanques ucranianos para fines de 2025. Sin embargo, expertos como los del Carnegie Endowment argumentan que una victoria total rusa es improbable sin un colapso interno en Ucrania, dado que las fuerzas ucranianas han demostrado resiliencia mediante tácticas de defensa elástica y el uso de drones. En este escenario, Ucrania podría perder acceso al mar Negro adicional, lo que comprometería su economía dependiente de las exportaciones agrícolas.
Un segundo escenario apunta a un estancamiento prolongado, posiblemente culminando en un alto el fuego temporal sin un acuerdo de paz integral. Publicaciones como The Economist y JPMorganChase han delineado este como el más probable, con una probabilidad del 50-65% según modelos analíticos. Aquí, las líneas del frente se congelarían a lo largo de los 1.000 kilómetros actuales, permitiendo a Rusia retener Crimea y partes del Donbás sin reconocimiento formal por parte de Ucrania. Analistas de Chatham House describen esto como un "escenario georgiano", donde Ucrania mantiene soberanía nominal pero enfrenta inestabilidad continua, similar a Georgia post-2008. Este resultado dependería de la fatiga occidental; por ejemplo, si la Unión Europea no compensa una reducción en el apoyo estadounidense, Ucrania podría verse forzada a concesiones. Encuestas del Instituto Internacional de Sociología de Kiev indican que solo el 24% de los ucranianos apoyan continuar la lucha hasta la victoria total en 2025, un descenso drástico desde el 73% en 2022.
El tercer escenario, más optimista para Ucrania, involucra una neutralización estratégica, donde Kyiv fortalece sus defensas internas y recibe garantías de seguridad occidentales sin membresía plena en la OTAN. El Carnegie Endowment propone que Ucrania adopte una "teoría de victoria" basada en hacer la guerra operacionalmente inútil para Rusia, mediante avances en tecnología militar y reconstrucción económica. Esto podría incluir un "escenario surcoreano", con presencia de tropas europeas en territorio ucraniano para disuadir futuras agresiones, como sugerido por JPMorganChase. Sin embargo, negociaciones recientes bajo Trump han complicado esto. En la cumbre de Alaska en agosto de 2025, Putin presentó demandas maximalistas: cesión del Donbás entero, neutralidad ucraniana y límites en su ejército, a cambio de un cese de hostilidades. Trump, inicialmente favorable a un alto el fuego inmediato, ha pivotado hacia un acuerdo de paz comprehensivo primero, alineándose con la posición rusa y rechazando un cese temporal que beneficiaría a Ucrania.
Las dinámicas diplomáticas actuales subrayan las divisiones. En la reunión de la Casa Blanca del 18 de agosto de 2025, Zelensky, respaldado por líderes europeos como Keir Starmer y Friedrich Merz, enfatizó la necesidad de garantías de seguridad equivalentes al Artículo 5 de la OTAN, posiblemente involucrando tropas europeas en Ucrania occidental. Trump ha ofrecido asistencia en inteligencia y apoyo aéreo, pero excluyó tropas estadounidenses en el terreno. Rusia, a través de Sergei Lavrov, ha insistido en ser incluida como garante de seguridad para Ucrania, una propuesta rechazada por Occidente. Analistas del Council on Foreign Relations argumentan que un fin negociado requeriría un cambio en la estrategia de Trump, forzando a Putin a la mesa mediante sanciones renovadas, aunque Putin ha roto promesas similares en el pasado.
Económicamente, el futuro de Ucrania depende de la reconstrucción post-conflicto. El Banco Mundial estima que los daños superan los 500 mil millones de dólares, con sectores como la agricultura y la infraestructura energética gravemente afectados. Un cese de hostilidades permitiría acceso a fondos europeos, potencialmente acelerando la integración a la UE, proceso que avanzó con el estatus de candidato en 2022. Sin embargo, en un escenario de estancamiento, Ucrania podría enfrentar una "generación perdida", como señalado por expertos de la Universidad del Sur de California, con impactos demográficos duraderos debido a la emigración y las bajas. Rusia, por su parte, enfrenta sanciones que han reducido su PIB en un 5-10% anual, pero su economía de guerra ha demostrado resiliencia mediante alianzas con China e India.
Políticamente, el liderazgo de Zelensky se ve presionado. Encuestas internas muestran un declive en el apoyo a continuar la guerra indefinidamente, y analistas como los de Rand Corporation advierten que un conflicto prolongado aumenta riesgos de escalada, incluyendo suministros chinos de armas a Rusia. Para Putin, el mantenimiento del statu quo fortalece su narrativa doméstica de victoria, aunque el Levada Center indica que el 57% de los rusos favorecen negociaciones. En X, opiniones de analistas como Delwin Strategy sugieren que Ucrania podría adoptar doctrinas defensivas avanzadas, como una "línea Dnipro" con guerra de guerrilla, proyectando un índice de capacidad de fuerza de 38-52 para 2026.
Las implicaciones globales son profundas. Un fin favorable a Rusia podría erosionar el orden internacional basado en normas, alentando agresiones similares en otros frentes, como Taiwan. El Consejo Europeo de Relaciones Exteriores propone un "plan más allá del horizonte" para Ucrania, incluyendo apoyo europeo independiente de EE.UU. para prevenir futuras guerras. Si las negociaciones fallan, como predice el Atlantic Council, Putin continuaría hasta enfrentar una derrota militar, aunque su ejército ha sido expuesto como no invencible.







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