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El gobierno francés colapsa, otra vez




El gabinete del primer ministro francés, François Bayrou, ni siquiera tuvo que esperar para anunciar que el martes por la mañana, el jefe del gobierno de la República presentaría su dimisión. Ese detalle evidenció una sensación omnipresente en la Asamblea Nacional el lunes por la tarde: el responsable del Ejecutivo compareció por última vez en el hemiciclo como si fuera un fantasma político. No solo la suerte ya estaba echada desde hacía días en Francia, sino que su revés parlamentario y dimisión forzada tuvieron un coste relativamente bajo para las oposiciones.


Hasta 364 diputados votaron en contra de la moción de confianza y solo la respaldaron 194 (de un total de 574). El resultado final fue más severo de lo que se preveía el 25 de agosto, cuando Bayrou anunció su temeraria maniobra y todos los pronósticos apuntaban a que perdería la votación, lo que le obliga constitucionalmente a renunciar a su cargo. El veterano dirigente, de 74 años, ni siquiera logró el apoyo de los 210 escaños que respaldan al Gobierno, compuesto por una coalición entre el centro-derecha macronista y la derecha tradicional de Los Republicanos (LR). 13 representantes conservadores votaron en contra y varios de la coalición presidencial se abstuvieron.


Esta falta de unidad entre los partidos gubernamentales refleja la complejidad del panorama al que se enfrentará el próximo responsable del Ejecutivo. Tras el fracaso de Bayrou con el voto de confianza, el gabinete del presidente Emmanuel Macron reaccionó con un comunicado en que informaba de que "tomaba nota del resultado" y que nombraría "a un nuevo primer ministro en los próximos días". "Hace falta actuar como si el 8 de septiembre no hubiera pasado nada", defendía hace unos días un asesor gubernamental en declaraciones al diario digital Mediapart.


Circulan los nombres de los potenciales sustitutos


El escrutinio del lunes representó la primera vez en la historia de la Quinta República en que cae un primer ministro a causa de un voto de confianza. Una excepcionalidad parecida ya se había vivido el 4 de diciembre con el final del conservador Michel Barnier, predecesor de Bayrou, debido a la primera moción de censura exitosa desde 1962. A diferencia de lo ocurrido a finales del año pasado, no había este lunes un ambiente de gran excepcionalidad en la Cámara Baja, sino más bien una sensación de déjà vu. Ha habido cuatro primeros ministros en el muy accidentado segundo mandato de Macron y nada le garantiza al quinto llegar hasta 2027, cuando están previstos los próximos comicios presidenciales.


Ya circulan en la prensa los nombres de posibles sustitutos de Bayrou; por ejemplo, el del ministro de Justicia, Gérald Darmanin, de Defensa, Sébastien Lecornu, o de Trabajo y Sanidad, Catherine Vautrin. También suena con fuerza el del conservador Xavier Bertrand, presidente de la región septentrional de Altos de Francia. Muchos de ellos ya estuvieron en las quinielas hace un año, cuando hubo un Ejecutivo interino durante dos meses. Ninguno de ellos ofrece garantías de sacar adelante los presupuestos de 2026.

El próximo primer ministro se enfrentará a la misma ecuación casi irresoluble que ha propiciado la marcha de Bayrou: reducir el elevado déficit público (del 5,4% al cierre de este año), mantener el aumento del gasto militar —está previsto que en 2027 sea de 60.000 millones, el doble que en 2017— para hacer frente al desafío de la guerra de Ucrania y resistir a los embates de una fragmentada Asamblea, en que las oposiciones de izquierdas y extrema derecha suman una amplia mayoría.


"Tenéis el poder de echar al Gobierno, pero no podéis borrar la realidad", reprochó Bayrou a estos dos bloques antagónicos, capaces de derrocar al Ejecutivo, pero que no pueden pactar entre ellos. Como si ya diera por descontada su derrota, el líder del MoDem no intentó convencer a las oposiciones, sino que las abroncó comparándolas con "niños" que solo actúan por intereses electorales. De hecho, insistió en el mismo discurso de este verano basado en alertar sobre la gravedad de la situación financiera del país: "Los jóvenes llevan encima una carga de miles de millones de euros que debe ser devuelta".


"Está tan desconectado de la realidad"


Desde que anunció a mediados de julio su plan de austeridad, que comporta la supresión de dos días festivos, la congelación de las pensiones, ayudas sociales y salarios de los funcionarios, así como el despido de 3.000 trabajadores del Estado, Bayrou centró sus esfuerzos en convencer a la opinión pública de la conveniencia de estas medidas. Prefirió dar numerosas entrevistas en los medios, e incluso crear un canal de YouTube, en lugar de negociar con las oposiciones. Su estrategia comunicativa ha resultado un fracaso. No solo su popularidad y la de Macron han caído a sus niveles más bajos, sino que la mayoría de la población desea la dimisión de ambos, según sondeos recientes.

"Señor primer ministro, usted está tan desconectado de la realidad que le sorprende que hayamos expresado esta voluntad popular", le reprochó Marine Le Pen en el hemiciclo. La líder de la ultraderechista Agrupación Nacional insistió en su exigencia de pedir unas nuevas elecciones anticipadas, "que no son una opción, sino una obligación". "Algunos dicen que Macron no tomará esta decisión porque no le interesa", añadió, refiriéndose a los estudios demoscópicos que apuntan a una caída de la coalición presidencial en caso de regreso a las urnas. Esta opción ya había dejado un Parlamento casi ingobernable tras los comicios anticipados del 7 de julio de 2024.


Durante los nueve meses en que estuvo en Matignon, Bayrou se enfrentó a ocho mociones de censura. El beneplácito de Le Pen resultó clave para que superara esas votaciones, pero la extrema derecha ha endurecido su oposición desde que Macron recuperó este verano la posibilidad de disolver la Asamblea. Algunos analistas, sin embargo, no descartan que los lepenistas cambien de nuevo de posición en uno de sus habituales movimientos de cintura. "Creo que la opción más sólida consistiría en un primer ministro con un perfil de la derecha social, como Darmanin o Bruno Retailleau (ministro del Interior), que gustaría a la derecha republicana, los macronistas y podría seducir a Le Pen", apunta el politólogo Luc Rouban, investigador en el Cevipof de Sciences Po París.


¿Un socialista como primer ministro? "Matemáticamente imposible"


Ante tal bloqueo, los socialistas se han ofrecido con insistencia para gobernar. "No queremos un Gobierno que sea al mismo tiempo de derechas y de izquierdas", dijo el miércoles pasado Olivier Faure, líder de esta formación progresista, al que le gustaría componer un Ejecutivo de coalición con los comunistas y los verdes. Estos tres partidos, junto con la Francia Insumisa (afines a Sumar o Podemos), acabaron primeros en los anteriores comicios, aunque lejos de la mayoría absoluta.

No obstante, las fuertes tensiones entre socialistas e insumisos en los últimos meses han debilitado el peso parlamentario de la izquierda. "Los socialistas piden gobernar, pero solo tienen 66 diputados —y cerca de 120 si se le suman los verdes y los comunistas—. Me parece matemáticamente imposible su propuesta", añade Rouban, sobre una opción que solo sería viable en caso de un acuerdo de "no censura" con los macronistas.


Los propios dirigentes del PS son conscientes de las pocas opciones de que el presidente les proponga encabezar un Gobierno. "Macron no quiere la tasa Zucman (un impuesto del 2% para los patrimonios de los ultrarricos) ni que modifiquemos la reforma de las pensiones de Élisabeth Borne (subió de 62 a 64 años la edad mínima de jubilación). Por ese motivo, contemplará todas las opciones antes de elegir a uno de los nuestros", reconocía Faure en una entrevista publicada el domingo en el diario Ouest-France.

El presidente ya había descartado esta opción hace un año. Ahora preferiría suavizar la oposición del PS o que se incorporara a un Gobierno de "gran coalición" con el centro-derecha macronista y los conservadores de LR. Pero esa posibilidad indignaría al electorado de izquierdas, que se prepara para protestar en la calle. Este miércoles están previstas las huelgas y manifestaciones del movimiento ciudadano "Bloquearlo todo". Además, todos los sindicatos han llamado a un paro nacional para el jueves de la semana que viene.

"Tengo la sensación de que estas movilizaciones serán menos multitudinarias de lo que hubieran sido en el caso de que Bayrou hubiera continuado", sostiene Rouban. Si la bulliciosa sociedad gala pincha en la calle, el veterano dirigente podrá presentarse como un mártir. Y así justificar su extraña decisión de defenestrarse.




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