Guillermo Altares: "Si estamos ante un cambio de época, es por la tecnología y la inteligencia artificial"
Actualizado: hace 3 horas

Las guerras han regresado al centro de la escena europea, Oriente Próximo atraviesa una nueva etapa de inestabilidad, Estados Unidos redefine su relación con sus aliados y la extrema derecha ha dejado de ocupar los márgenes de numerosas democracias occidentales. Al mismo tiempo, la inteligencia artificial plantea una transformación cuya dimensión todavía resulta difícil de medir. En este escenario, Flash Info conversa con Guillermo Altares, jefe de Internacional de EL PAÍS, sobre un mundo sometido a una profunda transformación y sobre las claves que pueden ayudar a entenderla.
"Yo creo que, si estamos ante un cambio de época, sería sobre todo por la tecnología y la inteligencia artificial."
Nicolás Guerrero (en adelante "N.G"): En los últimos años hemos vivido la guerra en Ucrania, la guerra en Oriente Próximo, el conflicto entre Israel e Irán y distintas crisis económicas derivadas de estos conflictos. Existe, además, una creciente sensación de desorden internacional. ¿Estamos ante una etapa de inestabilidad internacional o ante un verdadero cambio de época? Es decir, ¿podrá considerarse en el futuro que estamos viviendo ahora un cambio de época por los acontecimientos que están ocurriendo?
Guillermo Altares (en adelante "G.A"): Yo creo que, si estamos ante un cambio de época, sería sobre todo por la tecnología y la inteligencia artificial.
Digamos que ha habido un gran cambio de época en torno al siglo XXI, cuando se generalizó Internet, y el anterior gran cambio de época fue en el paso del siglo XIX al XX.
Tú te imaginas que hubo gente en el siglo XIX que, cuando era joven, iba al colegio en coche de caballos y que, cuando fue a la universidad, lo hizo en coche de motor. Ese es el cambio que hubo. Es gente que lo vivió.
Entonces, yo lo que me pregunto es si la inteligencia artificial nos está llevando a un cambio de época de ese tipo. Pero es demasiado pronto para saberlo.
Conflictos en Oriente Próximo llevamos teniendo desde hace mucho. Y guerras en Europa ha habido muchísimas.
Si de repente Trump atacase un país europeo y hubiese una guerra de verdad, eso sería otra cosa.
Pero, si realmente estamos viendo un cambio de época, yo creo que tiene que ver con la velocidad con la que se está desarrollando la inteligencia artificial.
Si todo lo que se dice sobre ella es cierto, solo sería comparable con el cambio producido por la Revolución Industrial. En una generación se pasó de ver las calles llenas de coches de caballos a verlas llenas de coches y motos. Se inventaron el teléfono, la radio y muchas otras cosas.
El agua corriente, la calefacción central… Es el mayor cambio que ha vivido la humanidad.
Cuando vas a París y ves los cuadros de los impresionistas, ves el mundo anterior a todo eso y te das cuenta de hasta qué punto cambió en apenas unas décadas. Las guerras napoleónicas se hicieron con trabucos y gente a caballo; en la Primera y la Segunda Guerra Mundial ya había tanques y aviación.
Es difícil imaginar cuánto cambió el mundo.
También cambió mucho a mediados del siglo XX: se industrializó el campo, entramos en la economía del plástico, aparecieron los supermercados y muchas otras cosas. Pero el gran cambio de los trenes, los aviones, el agua corriente, las luces, las ciudades y la electricidad fue más o menos a principios del siglo pasado.
Es que es otro mundo.
Y, ¿vamos hacia otro mundo? Pues no lo sé. Pero puede ser.
N.G: ¿Qué papel juegan Estados Unidos y Donald Trump en estos cambios que estamos viviendo ahora en el orden mundial? Existe la percepción, en medios con orientaciones políticas muy distintas, de que estamos viviendo un desorden mundial extraordinario. ¿De qué manera están influyendo Trump y Estados Unidos?
"Pensar que Estados Unidos y Canadá iban a tener un enfrentamiento como el que están teniendo, era algo difícil de imaginar. Era imposible de prever."
G.A: Donald Trump es un presidente absolutamente imprevisible que ha roto muchas alianzas históricas de Estados Unidos.
Pensar que Estados Unidos y Canadá iban a tener un enfrentamiento como el que están teniendo, era algo difícil de imaginar. Era imposible de prever.
Y lo mismo ocurre con Europa. Hay una alianza entre Europa occidental y Estados Unidos desde el final de la Segunda Guerra Mundial que Trump rompe.
Dicho esto, ¿es solo Trump? No.
Tú hablas con diplomáticos y con otra gente y te dicen que Estados Unidos está mirando hacia otro lado. Ya no es Europa desde hace mucho: desde los tiempos de Obama y de Biden, es China, es Asia. Digamos que, en ese sentido, Europa ha dejado de estar en el centro de la política de Estados Unidos.
Y eso no es solo Trump.
Trump aporta una especie de absoluta imprevisibilidad que incluye no solo Europa, sino también Canadá. Era inimaginable que Canadá y Estados Unidos tuviesen el conflicto que están teniendo ahora.
Entonces, Trump aporta inestabilidad, pero Estados Unidos ya estaba mirando hacia otro lado desde hace tiempo.

N.G: Vamos a entrar ahora en Alemania. Cuando te envié las preguntas estaba muy presente la victoria de la AfD en Sajonia-Anhalt. Has escrito varios libros y, en entrevistas, hablas mucho sobre la historia del nazismo en Alemania, el exterminio de los judíos y el genocidio. ¿Qué revela el auge de la AfD, no solo en Sajonia-Anhalt sino en Alemania, sobre el estado de la democracia europea en general? ¿Y puede compararse de alguna manera con el auge del fascismo en los años 30, con Hitler?
G.A: Bueno, yo creo que ahora no. No vivimos en el mismo mundo.
Pero sí hubo un auge fascista después de la Primera Guerra Mundial: primero en Italia, luego en España y después en Alemania.
Yo creo que la situación no es igual, pero es profundamente preocupante porque son partidos muy racistas, obsesionados con la inmigración, que realmente niegan los valores sobre los que se construyó la Europa de la posguerra.
N.G: Aunque se pueda decir que la historia es cíclica, ¿crees que no vamos a llegar realmente a una repetición en ese sentido? ¿No vamos a llegar a un escenario similar, evidentemente sabiendo que estamos en épocas diferentes y casi en otro siglo? ¿Crees que podría llegar a pasar algo tan grave como lo que fue la Segunda Guerra Mundial?
G.A: No lo sé. No me gusta hablar del futuro.
Sé que hay movimientos peligrosos. Sé que hay partidos que niegan los principios sobre los que se fundó la Europa democrática en la que vivimos, una Europa que ha permitido momentos de los mayores niveles de bienestar y felicidad de la humanidad. Y estos partidos los niegan.
Sé que son abiertamente racistas, contrarios a principios de igualdad y a todo esto. ¿En qué puede acabar eso? No lo sé. Es preocupante.
Me parece difícil pensar que estemos en los años treinta. Hay muchas más garantías, no tienen ese apoyo masivo. Pero, aun así, hay muchos motivos para estar preocupados.
Yo creo que hay muchos motivos para estar preocupados.
N.G: Vamos al tema de los conflictos bélicos. Ucrania y Oriente Próximo son ahora mismo dos de las guerras con mayor repercusión mediática, aunque haya otros conflictos en el mundo. ¿Qué conflicto está teniendo mayores consecuencias para los ciudadanos: la guerra entre Rusia y Ucrania o la guerra en Irán por parte de Estados Unidos e Israel?
G.A: No los compararía. Los dos tienen una enorme repercusión para los ciudadanos y los dos son un horror.
Ahora mismo, cuando llega el invierno, con los precios de la energía y demás, creo que está influyendo más el cierre del estrecho de Ormuz, y puede influir en las elecciones de medio mandato de Trump.
Desde luego, puede provocar inflación. Los precios de la energía pueden condicionar muchas elecciones que va a haber a partir de ahora.
La guerra de Ucrania es una guerra en las fronteras de la Unión Europea, literalmente. Puedes ir con tu documento de identidad, porque es el espacio Schengen, hasta la frontera con Ucrania, que es un país en guerra.
Y no sabemos hasta qué punto son verdaderas las advertencias de que Rusia puede atacar a un país europeo dentro de lo que está ocurriendo alrededor de la guerra de Ucrania.
Entonces, yo diría que los dos son conflictos gravísimos. Pero no haría una gradación entre ambos.

N.G: El dómingo 27 de septiembre se publicó desde Bruselas en EL PAÍS un artículo de María Sahuquillo titulado «Europa se atrinchera frente a la guerra híbrida rusa». ¿En qué sentido se habla de guerra híbrida?
G.A: No es una guerra en la que Rusia de repente cruza la frontera con Ucrania, con otro país de la Unión Europea o con los países bálticos mediante una invasión convencional.
Una guerra híbrida es que envía drones, la famosa flota fantasma… Es decir, una guerra en la que está presionando de una manera más o menos abierta a los países europeos: ciberataques, sabotajes…
No es una guerra convencional. Una guerra convencional sería mandar los tanques a cruzar la frontera con Finlandia.
Pero es una guerra en la que envía drones y, de repente, un aeropuerto cierra; envía un dron con bombas contra un aeropuerto como el de Leipzig.
Es una guerra diferente a las que hemos vivido hasta ahora, pero no por ello menos peligrosa, porque en un momento dado puede precipitarse y producirse un acto de guerra.
N.G: Yo veo cierto temor por parte de los países europeos, sobre todo Francia, Reino Unido, Alemania o Polonia, que están más amenazados que España, por ejemplo, que está lejos y tiene menos relevancia dentro de la unión. ¿Hasta qué punto está dispuesta Europa a asumir un papel de enfrentamiento con Rusia? Porque, al final, si existe un conflicto abierto, ¿hasta qué punto puede Europa dejar de depender de Rusia en cuestiones como la energía?
G.A: Depende de lo lejos que estemos de Rusia. Cuanto más cerca estemos de Rusia, más preocupación hay; cuanto más lejos, menos preocupación.
"Yo creo que todos los países de la Unión Europea están amenazados por Rusia."
Pero, como ya advirtieron el otro día, España no está lo bastante lejos. Ningún país está lo bastante lejos como para que no llegue un dron o para que no haya un incidente.
N.G: ¿Se puede considerar entonces que todos los países de la Unión Europea están amenazados por Rusia?
G.A: Yo creo que todos los países de la Unión Europea están amenazados por Rusia.
N.G: Entonces, ¿todos los países deberían asumir realmente una posición de enfrentamiento con Rusia?
G.A: Bueno, Rusia claramente es un enemigo de la Unión Europea, y eso lo dicen los propios rusos.
Y otra cosa es que no haya un conflicto abierto.
Ahora mismo hay un conflicto soterrado con incidentes prácticamente todos los días: cazas que tienen que despegar para desviar aviones que no están donde tienen que estar, drones, etcétera.
N.G: Voy a desplazarme ahora a Estados Unidos. Has hablado antes de las elecciones de medio mandato. ¿Qué factores crees que están influyendo actualmente en la opinión pública y haciendo bajar la popularidad de Trump? Más recientemente, ¿qué está provocando ese desgaste?
G.A: Bueno, yo creo que él no se da cuenta, porque su ego es tan grande que se lo impide.
Pero lo que dicen los expertos en encuestas es que la guerra de Irán está teniendo consecuencias.
Cuando llegó a la presidencia, prometió que no iba a meter a Estados Unidos en más guerras y, sin embargo, Estados Unidos está metido en la guerra de Irán. Y, después de meses, sigue enfangado en esa guerra, con una subida del combustible, de los alimentos, inflación…

Entonces, todo eso está haciendo que el presidente sea profundamente impopular.
Y luego, en los estados donde hay muchísimos latinos, como en Miami, los candidatos están distanciándose del presidente porque gente que le votó después está sufriendo las ofensivas del ICE y todo eso.
N.G: Y, para terminar, una pregunta periodística. ¿Qué debe aportar un gran medio de comunicación desde el punto de vista de la información internacional?
G.A: Un medio de comunicación tiene que, sobre todo, informar y explicar. Y eso es importantísimo.
Y luego, un gran medio de comunicación tiene que tener periodistas sobre el terreno. La información internacional hay que hacerla con periodistas sobre el terreno.
Entonces, lo que tiene que hacer, y EL PAÍS lo hace, es invertir en información internacional, invertir en corresponsales, en enviados especiales, y luego procurar ser muy didácticos. No dar nada por sabido.
Tenemos que pensar que la gente no tiene por qué saber situar Corea del Norte en un mapa o las islas Kuriles. Entonces tenemos que explicar para que la gente se interese por lo que hacemos.
Es decir, acercarles la información internacional y facilitársela.


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