El fin de un liderazgo agotado
- Nicolás Guerrero

- 3 nov 2025
- 4 Min. de lectura
“Ya no puedo más”
“No tengo la fuerza para seguir liderando la recuperación tras la DANA.”
“Sé que cometí errores y voy a vivir con ellos toda mi vida.”
“Espero que cuando baje un poco el ruido, la sociedad pueda distinguir entre un hombre que se ha equivocado y una mala persona.”
“Ha habido momentos insoportables para mí y para mi familia.”
“He pedido perdón y lo vuelvo a repetir, pero ninguno de ellos fue por cálculo político o por mala fe.”
La imagen ha sido elocuente. Un Carlos Mazón visiblemente cansado, ojeroso y con gesto contenido, ha comparecido esta mañana en el Palau de la Generalitat para anunciar su dimisión. “Ya no puedo más”, ha declarado el presidente valenciano alrededor de las 9.15 horas, rodeado de sus consejeros más próximos. El mensaje ha sido tan breve como contundente: no tiene ya la “fuerza” para liderar el proceso de reconstrucción tras la DANA que devastó la provincia de Valencia hace un año, y apela ahora a la “responsabilidad” de la mayoría parlamentaria (PP y Vox) para designar a su sucesor.
Con esta renuncia, que se formalizó a las 15.24 en el registro de Les Corts, Mazón pone fin a un mandato que comenzó en 2023 con altas expectativas y que se ha ido desmoronando desde la tragedia del 29 de octubre de 2024, cuando 229 personas perdieron la vida. Aquel día, mientras las riadas arrasaban municipios enteros, el presidente permanecía en una larga comida en Alicante con la periodista Maribel Vilaplana. El recuerdo de aquel episodio, y sobre todo la censura pública que sufrió en el funeral de Estado de las víctimas, han precipitado un desenlace que parecía inevitable.
Durante su declaración institucional —sin preguntas de los medios—, Mazón ha reconocido errores, pero ha insistido en que ninguno de ellos fue “por mala fe ni cálculo político”. Ha vuelto a acusar al Gobierno de Pedro Sánchez de “apagón informativo” durante la catástrofe y se ha presentado como víctima de una “brutal campaña” personal. “Sé que cometí errores y voy a vivir con ellos toda mi vida”, ha afirmado con tono de resignación.
Sin embargo, más allá de los gestos de contrición, la decisión de dimitir no nace solo del cansancio personal. Fuentes de la Generalitat y del PP valenciano admiten que el funeral de Estado marcó un punto de no retorno. La presión interna fue creciendo a lo largo de la semana hasta que la dirección nacional del partido, en coordinación con el entorno de Alberto Núñez Feijóo, consideró insostenible su continuidad.
El artículo 8 de la Ley del Gobierno Valenciano establece que el president continuará en funciones hasta la elección de su sustituto. Les Corts disponen ahora de un plazo de 12 días para presentar candidaturas y de hasta dos meses para investir a un nuevo president. Si no hay acuerdo, se convocarán elecciones anticipadas.
De momento, Mazón seguirá presidiendo mañana el pleno del Consell en Alicante y prevé retirarse unos días para descansar por recomendación médica, según fuentes del Ejecutivo. La vicepresidenta Susana Camarero asumirá sus funciones de manera temporal.
Entre los posibles sucesores destacan dos nombres: Juan Francisco Pérez Llorca, secretario general del PPCV y negociador de los pactos con Vox, y María José Catalá, actual alcaldesa de Valencia, favorita de Génova pero cuya candidatura implicaría desvestir el Ayuntamiento. La decisión, en todo caso, dependerá de la extrema derecha, cuyos 13 diputados son imprescindibles para alcanzar la mayoría absoluta.
El mandato de Mazón será recordado por su intento de cohesionar un gobierno complejo, sostenido sobre un acuerdo frágil con Vox y marcado por la tragedia de la DANA. La gestión posterior al desastre natural (entre acusaciones cruzadas y desgaste institucional) quebró su liderazgo.
Su caída no responde a un único error, sino a una erosión progresiva: la pérdida de autoridad interna, las tensiones con la dirección nacional del PP y el aislamiento político tras el escándalo de las víctimas. El propio Mazón lo ha reconocido entre líneas: “Por voluntad personal habría dimitido hace tiempo”, ha dicho, aludiendo a una presión insostenible dentro y fuera de su partido.
A última hora del domingo, el todavía presidente abandonó la sede de la Generalitat en Alicante —la conocida como Casa de las Brujas— acompañado por su madrina política, Macarena Montesinos. Era el cierre de un ciclo político que, como admiten dirigentes populares, “ya no tenía retorno”.
Fuentes del PP valenciano consultadas por Flash Info confirman que Génova presionó para acelerar su salida y evitar un escenario de desgaste prolongado que comprometiera al partido en la Comunidad. En palabras de un dirigente autonómico: “Había que cerrar esta etapa cuanto antes para que la herida no siga sangrando”.
La dimisión de Mazón trasciende el ámbito valenciano. Llega en un momento delicado para el Partido Popular, que observa con inquietud cómo las alianzas con Vox se vuelven cada vez más difíciles de sostener. Su salida abre una incógnita inmediata —quién ocupará la presidencia— y otra más profunda: cómo recomponer un liderazgo autonómico que se ha quebrado en medio de una crisis institucional, política y moral.











Comentarios