Mazón, entre la dimisión y la continuidad, convocará a los medios este lunes
- Oriol Cerdà

- 2 nov 2025
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Alberto Núñez Feijóo y Carlos Mazón han mantenido en la tarde de este domingo una conversación para tratar la crisis abierta en el partido valenciano por el periodo de reflexión anunciado el pasado jueves por el presidente autonómico. Mazón convocará a los medios este lunes para hacer pública la decisión que ha tomado sobre su futuro político.
El Presidente de la Generalitat permanece en Alicante desde el viernes, recluido con su equipo más próximo, un grupo muy reducido de confianza, deliberando sobre el futuro de su mandato y de la Comunidad Valenciana. La incertidumbre se ha instalado de manera palpable en los pasillos del Palau de la Generalitat y en los despachos de Génova, reflejo de un dilema político que combina desgaste personal, presión institucional y cálculo estratégico. Las decisiones que Mazón adopte en las próximas horas determinarán no solo el rumbo del gobierno autonómico, sino también la cohesión interna del Partido Popular en la región y la percepción del liderazgo nacional.
En la actualidad, existen tres escenarios sobre la mesa, cada uno con riesgos y consecuencias bien definidos. El primero, la dimisión inmediata, abriría un proceso de investidura en el que el PP dependería del apoyo de Vox para garantizar la continuidad en el poder. En caso de salir adelante, la formación conservaría la presidencia hasta 2027, pero la elección del sustituto se convertiría en un campo de negociación complejo. Si ningún candidato obtiene los votos necesarios en segunda vuelta, la Comunidad Valenciana se enfrentaría a elecciones anticipadas apenas dos meses después de la sesión de investidura. Esta alternativa representa un riesgo de fragmentación interna, al tiempo que condiciona la relación con sus aliados parlamentarios y con la dirección nacional del partido. Detrás de la aparente simplicidad de la renuncia, se esconde un entramado de cálculos políticos y estratégicos, donde cada movimiento puede ser interpretado como debilidad o, al contrario, como pragmatismo responsable.
El segundo escenario, el adelanto electoral, propone una salida gradual, con Mazón manteniendo la presidencia hasta el próximo año mientras se prepara un candidato o candidata de consenso. Esta alternativa busca asegurar la estabilidad institucional y dar tiempo a que la maquinaria del partido se organice en torno a un liderazgo transitorio. En los últimos días, los debates internos han puesto sobre la mesa nombres como Vicente Mompó, presidente de la Diputación de Valencia, considerado por los líderes territoriales como la opción de consenso más viable, y María José Catalá, actual alcaldesa de Valencia, que cuenta con el respaldo implícito de Génova. La pugna entre la base territorial y la dirección nacional refleja un conflicto histórico dentro del PP: la tensión entre autonomía regional y centralización del poder. En este contexto, cada conversación, cada mensaje y cada reunión adquiere un valor estratégico, donde la lealtad se mide por la alineación con decisiones que todavía no se han hecho públicas.
La tercera alternativa es la de la resistencia: continuar en el cargo hasta 2027, con el anuncio previo de que no se presentará a la reelección. Esta opción, promovida por su círculo más cercano, pretende garantizar estabilidad y continuidad, evitando un vacío de poder que pudiera poner en riesgo la cohesión de las estructuras regionales del partido. Sin embargo, fuentes cercanas al presidente señalan un desgaste evidente, físico y político, agravado por la exposición pública durante el funeral de Estado del pasado miércoles, marcado por los enfrentamientos con víctimas de la Dana. Ese episodio, lejos de ser anecdótico, ha precipitado la reflexión sobre su futuro, evidenciando la tensión entre el deber institucional y el costo personal del liderazgo.
El escenario se complica aún más al considerar la influencia de Génova. La dirección nacional del PP mantiene un seguimiento constante de los movimientos de Mazón, consciente de que la Comunidad Valenciana es un territorio clave en su estrategia política de cara a los próximos ciclos electorales. La tensión entre la autonomía del barón popular y las exigencias del partido a nivel nacional añade un nivel de complejidad que transforma decisiones aparentemente locales en maniobras de alcance estratégico. La coordinación o el conflicto entre la dirección nacional y el equipo valenciano se convierte en un elemento decisivo: cada paso que da Mazón es interpretado en clave nacional, y cada filtración o rumor es capaz de generar reacciones inmediatas en los órganos de dirección y en los medios de comunicación.
La semana que se avecina añade presión sobre la toma de decisiones. El lunes está prevista la declaración ante la jueza que investiga la tragedia de la Dana de la periodista Maribel Vilaplana, quien compartió una comida prolongada con Mazón el pasado 29 de octubre de 2024. La jornada del martes contempla el Consejo de Gobierno, momento en el que se anticipan decisiones sobre la reorganización del gabinete y posibles movimientos en puestos estratégicos, incluidos los relevos de figuras como Francisco Gan Pampols, vicepresidente segundo y responsable de la reconstrucción. La tercera jornada crítica, el miércoles, estaba señalada para una nueva crisis de Gobierno, que podría incluir cambios limitados o, según fuentes consultadas, afectar directamente a la estructura ejecutiva de la Comunidad. El calendario institucional, combinado con la presión política, actúa como un reloj que marca la urgencia de decisiones que podrían tener consecuencias prolongadas para el liderazgo de Mazón y la estrategia del PP.
Mientras tanto, el Palau de la Generalitat permanece cerrado a los medios, un reflejo de la discreción exigida en momentos de alta tensión política. A la espera de anuncios, los periodistas se concentran frente al edificio, registrando cada movimiento, cada vehículo oficial, mientras los analistas evalúan la probable dirección de la negociación interna. El nerviosismo se ha extendido a los grupos parlamentarios y a los líderes locales, con conversaciones que se multiplican entre la dirección nacional y los dirigentes regionales, y donde cada filtración tiene el potencial de inclinar la balanza a favor de uno u otro escenario. La comunicación y la estrategia política se convierten en instrumentos de poder tan importantes como los propios hechos, en un entorno donde la percepción puede determinar la legitimidad y el futuro político de Mazón.
El contexto sociopolítico también añade capas de complejidad. Las consecuencias de la Dana siguen presentes en la región, afectando no solo a las víctimas y a la ciudadanía, sino también a la percepción pública del gobierno autonómico. La relación entre la gestión de la crisis, la respuesta institucional y la figura del presidente se encuentra bajo escrutinio constante. Las decisiones de Mazón no se limitan a su propio futuro político; repercuten en la estabilidad regional, en la credibilidad del PP y en la confianza de los ciudadanos en sus representantes. Cada escenario considerado —dimisión, adelanto electoral o resistencia— lleva consigo implicaciones simbólicas, estratégicas y mediáticas que obligan a un cálculo minucioso, donde la estrategia política y la gestión institucional se entrelazan de manera inseparable.
La situación actual, de deliberación intensa y discreción extrema, dibuja un retrato de la política regional, donde la presión de los actores internos, la influencia de la dirección nacional y la reacción de la opinión pública se combinan para determinar los movimientos posibles. En estas circunstancias, Mazón encarna un dilema común en el liderazgo político: la tensión entre la autonomía de la acción, la responsabilidad institucional y las expectativas de un partido que observa y, en muchos casos, condiciona cada decisión.







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