El otro Marrakech
Actualizado: 8 ago
Una ciudad compleja. Desigual. Cansada en algunos de sus rincones.
La mujer permanece sentada junto a la pared desde hace varios minutos. No pide dinero. No habla con nadie. Mira hacia la calle sin mirar realmente a nadie. Pero grita y se la ve desesperada. Detrás de ella, el muro está agrietado, desgastado por el paso de los años. A pocos metros, un grupo de turistas atraviesa la Medina siguiendo a un guía. Caminan deprisa. Apenas levantan la vista.
La escena ocurre en Marrakech.
Y, sin embargo, esta imagen no suele formar parte de Marrakech.
Flash Info ha viajado a la ciudad marroquí para realizar un reportaje exclusivo sobre una realidad que permanece fuera de la mayoría de fotografías, campañas turísticas y publicaciones que han convertido a Marrakech en uno de los grandes destinos internacionales del norte de África. Durante varios días, este periódico recorrió distintos sectores de la Medina y barrios populares alejados de los itinerarios habituales para documentar una ciudad mucho menos visible que la que aparece en las postales.
No hace falta ir muy lejos para encontrarla.

Basta con alejarse unos minutos de las calles restauradas, abandonar las terrazas llenas de visitantes extranjeros y caminar sin rumbo concreto. La ciudad cambia rápidamente. El ruido disminuye. Las fachadas comienzan a deteriorarse. Aparecen paredes deformadas por la humedad, puertas desgastadas, edificios inclinados y calles donde el abandono parece haberse instalado desde hace años.
En algunos puntos de la Medina, las consecuencias del terremoto que golpeó Marruecos en septiembre de 2023 siguen siendo visibles. Hay estructuras dañadas, muros reforzados de forma improvisada y viviendas cuyo estado refleja una fragilidad evidente. Muchas continúan habitadas.
Niños jugando en callejones estrechos. Comerciantes esperando clientes que casi nunca llegan. Personas mayores atravesando lentamente barrios enteros cargando bolsas o bidones de agua.


La pobreza en Marrakech no siempre adopta formas extremas ni escenas fáciles de convertir en titulares. Aquí suele manifestarse de otra manera: en el desgaste lento y constante de determinados espacios y de las personas que viven en ellos.
Hay hombres tumbados durante horas junto a fachadas deterioradas. Mujeres mayores sentadas en silencio frente a muros desconchados. Calles estrechas donde apenas entra la luz y donde varias familias sobreviven en viviendas reducidas y degradadas. Hay una sensación de cansancio que atraviesa algunos barrios de la ciudad y que resulta imposible ignorar cuando uno se detiene a observar.
Mientras tanto, Marrakech continúa consolidándose como una referencia mundial del turismo de lujo. Hoteles exclusivos, restaurantes frecuentados por visitantes internacionales, inversiones inmobiliarias y riads restaurados han transformado profundamente la economía de la ciudad durante las últimas dos décadas. La imagen internacional de Marrakech se ha construido con enorme eficacia: una ciudad histórica, sofisticada, exótica y cuidadosamente preparada para el visitante extranjero.

Esa imagen existe.
Pero no es toda la ciudad.
A pocos minutos de algunos de los establecimientos más exclusivos de Marruecos, hay calles donde el pavimento está roto desde hace años y edificios históricos que se deterioran lentamente sin recibir apenas atención. Hay zonas donde el turismo apenas deja rastro pese a encontrarse dentro de una de las ciudades más visitadas del continente africano.
La contradicción aparece constantemente, aunque muchas veces pase desapercibida.

Durante este reportaje, Flash Info encontró sectores enteros de la Medina donde el deterioro arquitectónico forma parte de la vida cotidiana. Instalaciones eléctricas improvisadas recorriendo fachadas agrietadas. Techos debilitados. Habitaciones oscuras y mal ventiladas. Calles donde el calor queda atrapado entre paredes envejecidas y donde la sensación de abandono resulta evidente.
Y, aun así, la vida continúa con absoluta normalidad.

Niños jugando en callejones estrechos. Comerciantes esperando clientes que casi nunca llegan. Personas mayores atravesando lentamente barrios enteros cargando bolsas o bidones de agua. Escenas silenciosas que raramente forman parte del relato internacional sobre Marrakech.
Quizá porque no encajan con la imagen que la ciudad vende al exterior.
Marrakech ha aprendido a proyectarse como una marca global. Cada día, miles de turistas recorren las mismas plazas, fotografían las mismas puertas y consumen la misma versión de la ciudad. Existe una Marrakech perfectamente visible, preparada para ser observada y compartida en redes sociales.
Pero existe también otra ciudad que permanece fuera del encuadre.
No porque esté escondida, sino porque casi nadie se detiene el tiempo suficiente para verla.
En determinados barrios, la impresión dominante no es la pobreza extrema, sino la sensación de desgaste permanente. Desgaste en los edificios. En las calles. En los rostros.
Hay zonas donde parece que el tiempo avanza más despacio que en el resto de la ciudad.
La Medina de Marrakech, reconocida internacionalmente por su valor histórico y cultural, contiene también espacios donde miles de personas viven en condiciones difíciles mientras el valor turístico de otros sectores continúa aumentando año tras año.
La desigualdad aquí no se encuentra necesariamente entre barrios completamente separados. En ocasiones basta girar una esquina para pasar de una calle llena de turistas a otra donde el silencio domina por completo.

Ese contraste define gran parte de la ciudad actual.
Hay una Marrakech restaurada, fotografiada y constantemente promocionada hacia el exterior.
Y otra Marrakech mucho más frágil, donde el deterioro urbano y la precariedad forman parte de la rutina diaria de miles de personas.
Ambas conviven todos los días.
Pero solo una ocupa normalmente las portadas.
La función del periodismo no consiste únicamente en mostrar aquello que resulta atractivo o fácil de consumir. Tampoco en convertir la pobreza en espectáculo. Documentar esta realidad no implica reducir Marrakech a sus problemas ni negar la enorme riqueza cultural e histórica de la ciudad. Significa simplemente observarla de forma completa.
Porque una ciudad no puede entenderse únicamente a través de sus hoteles, de sus campañas de promoción o de las imágenes que circulan por internet.
También debe entenderse a través de quienes quedan fuera de esa imagen.
La mujer sentada junto a la pared continúa allí cuando cae la tarde. La calle sigue moviéndose a su alrededor. Algunos turistas pasan junto a ella sin verla siquiera. Otros levantan el teléfono para fotografiar la arquitectura de la Medina.

Detrás de esas fotografías, Marrakech continúa siendo otra cosa.
Una ciudad compleja. Desigual. Cansada en algunos de sus rincones. Una ciudad donde el lujo y el deterioro conviven a pocos metros de distancia.
El otro Marrakech existe.
Y lleva demasiado tiempo fuera del encuadre.




Este artículo es un auténtico despropósito, un montaje emocional disfrazado de “periodismo”. Se toman dos calles desgastadas, unas paredes agrietadas, y con eso se pretende resumir Marrakech entera. Absurdo.
Marrakech es una ciudad moderna y ejemplar para África: dinámica, en plena transformación, con infraestructuras en desarrollo, un turismo de referencia mundial y una vida económica vibrante que demuestra su peso y su influencia en la región.
Marruecos avanza con paso firme hacia el futuro, con estabilidad, orgullo y grandeza, bajo la dirección visionaria de Su Majestad el Rey Mohammed VI, garante del progreso y del prestigio del Reino. 🇲🇦🇲🇦🇲🇦 ¡¡¡ Viva Su Majestad el Rey Mohammed VI !!! 🇲🇦🇲🇦🇲🇦