Zelenski visita el Congreso en su viaje a España para reclamar ayuda militar
- Oriol Cerdà

- 18 nov 2025
- 5 Min. de lectura

Volodímir Zelenski ha llegado a Madrid con una misión que va más allá de los gestos simbólicos: su tercera visita oficial a España forma parte de una estrategia diplomática clave para asegurar el apoyo europeo en un momento en el que las necesidades de Ucrania se intensifican, tanto por el desgaste del frente como por la presión económica que supone preparar un invierno con riesgo elevado de apagones por los ataques rusos.
La agenda de Zelenski en la capital española no es casual. Tras pasar por Francia y Grecia, ha elegido España para reafirmar compromisos concretos: consolidar la ayuda militar de sus aliados occidentales, reforzar la cooperación industrial en defensa y evitar que el apoyo se diluya en medio de un panorama geopolítico cada vez más volátil.
Al llegar al Congreso de los Diputados esta mañana, Zelenski fue recibido por la presidenta de la Cámara Baja, Francina Armengol, y por el presidente del Senado, Pedro Rollán. El protocolo fue estricto: escolta intensa, espera en el vehículo hasta la autorización para descender, presencia discreta de seguridad. En el patio del Congreso, el saludo oficial incluyó una sesión de fotos sobria y sin excesos. Luego, el presidente ucraniano recorrió el hemiciclo, un gesto de peso institucional que recuerda su visita anterior en 2024. En aquel encuentro previo, España y Ucrania firmaron un acuerdo de cooperación en materia de seguridad para diez años. Según fuentes oficiales, España se comprometió a aportar 1.000 millones de euros en apoyo militar. Según La Razón y RTVE, este paquete, se suma a los envíos de material y a la formación de militares ucranianos en España.
El nuevo punto de inflexión se encuentra en cómo dicho apoyo se materializa ahora. En esta visita, Zelenski se va a reunir con representantes de la industria armamentística española, un paso lógico si se considera que Ucrania busca cada vez más reducir su dependencia de proveedores lejanos. Además, esta cooperación industrial no solo tiene un valor táctico inmediato, sino que podría sentar las bases para una industria de defensa ucraniana más fuerte y diversificada. No es una apuesta menor: en marzo de 2025, el ministro de Defensa ucraniano, Rustem Umerov, ya se reunió en Madrid con directivos de varias empresas españolas para abordar producción de munición y sistemas de armas según EL PAÍS.
Por su parte, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y el rey Felipe VI completan la agenda de Zelenski. Con Sánchez, se espera cerrar detalles sobre la financiación de material militar: España ha anunciado que financiará la compra de armamento estadounidense destinado a Ucrania a través de la OTAN, mediante el programa PURL (Prioritized Ukraine Requirements List). Esta decisión evidencia un cambio claro: no solo se trata de enviar armas fabricadas en España, sino también de canalizar fondos para que se adquieran equipos en Estados Unidos que responden a necesidades específicas del ejército ucraniano. Otro elemento clave de la visita es el energético: el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, ya adelantó que España enviará 70 generadores eléctricos a Ucrania para ayudar a restablecer el suministro energético en zonas devastadas por los bombardeos rusos.
Según la AECID, esos generadores tienen una potencia de 7 kVA y son capaces de funcionar tanto en monofásico como en trifásico, lo que les da versatilidad para distintos tipos de infraestructuras civiles. La distribución prioritaria se centrará en regiones como Sumy, especialmente afectadas por las ofensivas, donde las bajas temperaturas del invierno pueden agravar la crisis si no se restablece la electricidad. Este envío forma parte del paquete más amplio anunciado por España: además del apoyo militar, hay un compromiso humanitario sostenido. Desde el inicio del conflicto, España ha canalizado más de 110 millones de euros a través de la AECID para asistencia —incluyendo desminado, rehabilitación de infraestructuras, centros educativos y servicios sociales— según ha declarado Albares.
El paquete militar español para 2025 ronda los 1.000 millones de euros, según anunció el propio Pedro Sánchez en Kiev. Según RTVE, esa cifra ya ha sido defendida por Albares frente a sus homólogos europeos como un ejemplo de compromiso activo: en una reunión de ministros, destacó que España actúa sin esperar únicamente los grandes mecanismos multilaterales, lo que, según él, refuerza su credibilidad como aliado. Por su parte, Zelenski ha aprovechado su presencia en redes para marcar el tono diplomático. En X (antiguo Twitter) publicó antes de llegar al Congreso: “Hoy celebro reuniones en España para las que nos hemos estado preparando desde hace tiempo. Esperamos que otro país fuerte aumente su apoyo, ayudándonos a proteger vidas y a acercar el fin de la guerra… Ucrania debe obtener resultados cada día en sus relaciones con sus socios”. Esa frase revela una estrategia clara: Buenos gestos no bastan, necesita convencer de forma tangible.
El contexto geopolítico añade presión. Europa se encuentra dividida entre países que demandan un rearme y aquellos que temen los efectos de un gasto militar sostenido. En Bruselas, algunos ministros han planteado propuestas para movilizar miles de millones en defensa según El HuffPost. En ese sentido, países como España quieren mostrar que sus compromisos son reales y duraderos, no solo retóricos.
Otro punto delicado: la posibilidad de que algunas de las armas que España financia vengan de Estados Unidos genera debate interno. No todos los socios europeos comparten la misma visión. Fuentes militares consultadas señalan que es clave enviar a Ucrania lo que realmente necesita, no lo que conviene a los proveedores según EL PAÍS.
A nivel institucional, la Oficina de Reconstrucción de Ucrania, impulsada por España, comienza a cobrar más protagonismo. Según declaraciones de Albares, esta oficina asesorará a compañías españolas interesadas en la recuperación posbélica del país, lo que posiciona a España no solo como donante, sino como socio estratégico a largo plazo. Además, la diáspora ucraniana en España es significativa: más de 250.000 personas han encontrado refugio en el país, lo que refuerza los lazos humanos que subyacen a las implicaciones políticas.
En paralelo, está la dimensión militar: Ucrania presiona para consolidar sus capacidades defensivas, y parte de ese empeño se refleja en la petición de reforzar su industria de defensa. Así, la reunión con las empresas españolas es más que un trámite; es un esbozo de un plan de cooperación industrial estratégica que podría perdurar más allá de la guerra.
Mañana, siguiendo su gira, Zelenski se desplazará a Turquía para “revitalizar las negociaciones” con Moscú, según fuentes oficiales. Esa parada diplomática no es menor: Ankara ha actuado en varias ocasiones como mediador, especialmente en áreas sensibles como el corredor de granos o los intercambios humanitarios. La visita a Turquía sugiere que Zelenski no descarta vías diplomáticas, incluso cuando la batalla militar se intensifica.
Desde el lado español, la visita de Zelenski puede interpretarse como un fortalecimiento del compromiso bilateral, pero también como una señal hacia la UE y la OTAN. España está dispuesta no solo a enviar material, sino a asumir parte del coste de compra de equipamiento extranjero si esto se traduce en una ayuda efectiva y alineada con las prioridades ucranianas.
Para Ucrania, cada paso diplomático con Madrid es una pieza más en un tablero complejo. No solo necesita armas: necesita energía, necesita respaldo político, necesita un consenso europeo que garantice que su resistencia no se verá abandonada cuando el invierno apriete y se intensifiquen los ataques energéticos. La gira de Zelenski, muy concreta, aspira precisamente a eso: asegurar que lo que hay sobre la mesa no sea solo promesa, sino acción.




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