Graves inundaciones en Texas
- Nicolás Guerrero

- 6 jul 2025
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Las devastadoras inundaciones que han azotado el centro y sur de Texas en los últimos días han dejado una estela de tragedia y desolación, marcando uno de los desastres naturales más graves en la historia reciente del estado. Desde la madrugada del 4 de julio de 2025, lluvias torrenciales desencadenaron una crecida sin precedentes del río Guadalupe, particularmente en el condado de Kerr, a unos 100 kilómetros de San Antonio. Según los últimos reportes, al menos 68 personas han perdido la vida, incluyendo 21 menores de edad, mientras decenas de personas, entre ellas al menos 11 niñas de un campamento de verano, permanecen desaparecidas. Las autoridades, en una carrera contrarreloj, han desplegado uno de los operativos de búsqueda y rescate más extensos en la memoria reciente de Texas, mientras el espectro de nuevas precipitaciones amenaza con agravar la crisis.
El origen de esta catástrofe se remonta a un sistema meteorológico excepcionalmente severo. Entre la noche del 3 de julio y las primeras horas del 4, más de 30 centímetros de lluvia cayeron en pocas horas, un volumen equivalente a casi la mitad de la precipitación anual del condado de Kerr. El río Guadalupe, alimentado por esta tromba de agua y la humedad remanente de un sistema tropical que previamente había azotado la península de Yucatán, se desbordó con una crecida de ocho metros en menos de una hora. La región de Texas Hill Country, conocida por su belleza natural y su vulnerabilidad a inundaciones repentinas debido a su suelo delgado y su topografía, se convirtió en el epicentro de la tragedia. El Servicio Meteorológico Nacional, que había pronosticado lluvias de entre 7 y 15 centímetros, subestimó drásticamente la magnitud del evento, lo que ha generado críticas sobre la preparación y la capacidad de respuesta ante fenómenos extremos.
Uno de los episodios más desgarradores ocurrió en Camp Mystic, un campamento de verano cristiano a orillas del río Guadalupe que albergaba a 750 niñas. Las aguas arrasaron cabañas y estructuras, dejando un saldo de al menos una menor fallecida y 11 niñas aún no localizadas, según las autoridades. “Haremos todo lo humanamente posible, revisando cada árbol, removiendo cada piedra”, prometió el vicegobernador Dan Patrick en un mensaje dirigido a las familias afectadas. Testimonios como el de Silvana Garza, una joven mexicana que vivió el caos en el campamento, reflejan el terror de la noche: “Sentías que los truenos y los rayos caían a tu lado. Las niñas gritaban: ‘¡Nos vamos a morir!’ Yo también empecé a tener miedo”. Más de 100 guardabosques y equipos de rescate, apoyados por helicópteros y tecnología infrarroja, trabajan sin descanso para localizar a las desaparecidas, mientras los padres, en un estado de angustia indescriptible, buscan respuestas en centros de reunificación.
El condado de Kerr, donde se han registrado 59 de las 68 víctimas fatales, es el más afectado, pero la tragedia se extiende a otras zonas. En los condados de Burnet, Travis, Kendall y Tom Green se han reportado al menos nueve muertes adicionales, y las autoridades advierten que el número de víctimas podría aumentar. Más de 850 personas han sido evacuadas, muchas de ellas mediante dramáticos rescates aéreos y acuáticos. Historias de heroísmo han emergido, como la de un hombre de 70 años en Center Point que rescató a una joven atrapada en un árbol sobre las aguas turbulentas. Sin embargo, también han surgido relatos de pérdida devastadora, como el de las hermanas Blair y Brooke Harber, de 13 y 11 años, cuya cabaña fue arrastrada junto a sus abuelos, quienes también están desaparecidos.
La respuesta de las autoridades ha sido masiva pero no exenta de controversia. El gobernador Greg Abbott firmó una declaración de desastre el viernes, movilizando a la Guardia Nacional y al Departamento de Seguridad Pública de Texas, mientras la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, aseguró el despliegue de recursos federales, incluyendo a la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA). Sin embargo, las críticas han apuntado a la falta de sistemas de alerta adecuados en el condado de Kerr y a los recortes en el Servicio Meteorológico Nacional, que opera con personal reducido tras decisiones de la administración Trump. “Nadie sabía que se avecinaba una inundación de esta magnitud”, admitió el juez Rob Kelly, máxima autoridad del condado, mientras el representante Chip Roy defendió que “habrá mucho señalamiento y críticas a posteriori”. Expertos en meteorología y cambio climático, por su parte, han señalado que el calentamiento global, impulsado por temperaturas oceánicas récord, está intensificando la frecuencia y severidad de estos fenómenos, convirtiendo a Texas en un punto crítico para inundaciones extremas.
A medida que los equipos de rescate continúan su labor, el pronóstico no ofrece respiro. El Servicio Meteorológico Nacional ha extendido alertas de inundaciones hasta la noche del 6 de julio, con pronósticos de hasta 25 centímetros de lluvia adicional en áreas ya saturadas. La región, aún en shock, enfrenta el desafío de reconstruir comunidades devastadas, restablecer servicios básicos y, sobre todo, encontrar a los desaparecidos. El presidente Donald Trump, quien calificó las inundaciones como “terribles”, ha prometido apoyo federal, pero la magnitud de la tragedia plantea preguntas sobre la capacidad de las instituciones para adaptarse a un clima cada vez más impredecible.
Mientras Texas Hill Country llora a sus víctimas y busca a sus seres queridos, esta catástrofe subraya la fragilidad de las comunidades frente a la furia de la naturaleza y la urgencia de fortalecer los sistemas de prevención y respuesta. Las imágenes de carreteras destruidas, hogares sumergidos y familias destrozadas permanecerán como un recordatorio sombrío de un verano que, para muchos, se convirtió en una pesadilla







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