León XIV: El Papa Norteamericano que Asume el Timón de la Iglesia en Tiempos de Tormenta
- Nicolás Guerrero

- 8 may 2025
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El 8 de mayo de 2025, la chimenea de la Capilla Sixtina emitió la esperada fumata blanca, anunciando al mundo que los 133 cardenales reunidos en cónclave habían elegido al 267º sucesor de San Pedro. El cardenal protodiácono Dominique Mamberti salió al balcón de la Basílica de San Pedro para pronunciar las palabras que resonaron en la Plaza de San Pedro y más allá: “Annuntio vobis gaudium magnum: Habemus Papam!”. El elegido, el cardenal Robert Francis Prevost, de 69 años, arzobispo y prefecto del Dicasterio para los Obispos, asumió el nombre de León XIV, un gesto que evoca el legado del papa León XIII, conocido por su magisterio social y su capacidad para guiar a la Iglesia en tiempos de cambio. Este artículo examina la trayectoria del nuevo pontífice, el contexto de su elección, los desafíos que enfrenta y las posibles direcciones de su papado, en un momento crítico para la Iglesia Católica y el mundo.
Robert Francis Prevost, nacido el 14 de septiembre de 1955 en Chicago, Estados Unidos, es el primer papa norteamericano en la historia de la Iglesia, un hito que rompe con una tradición no escrita que evitaba elegir pontífices de superpotencias geopolíticas. Su formación agustina y su experiencia pastoral en América Latina, especialmente en Perú entre 1985 y principios de los 2000, lo han moldeado como un líder con un enfoque equilibrado entre la doctrina y la pastoral. Prevost, ordenado sacerdote en 1982, destacó por su trabajo en comunidades marginadas y su capacidad para mediar en contextos complejos. Desde 2023, como prefecto del Dicasterio para los Obispos, ha supervisado el nombramiento de obispos en todo el mundo, consolidando su influencia en la estructura eclesiástica. Su cercanía al papa Francisco, de quien fue colaborador en iniciativas reformadoras, lo posicionó como un candidato de continuidad, aunque su perfil también atrae a sectores que buscan estabilidad doctrinal.
La elección de León XIV, consumada en la quinta votación del segundo día de cónclave, refleja un consenso entre facciones diversas dentro del Colegio Cardenalicio. Tras la muerte de Francisco el 21 de abril de 2025, la Iglesia enfrentaba un panorama de polarización interna, con debates sobre la apertura a las mujeres, el celibato sacerdotal y la inclusión de la comunidad LGBTIQ+. La fumata negra en las primeras tres votaciones indicó negociaciones intensas, pero la rapidez con la que se alcanzó el acuerdo sugiere que Prevost emergió como un candidato capaz de unir a progresistas y conservadores. Su elección, según observadores vaticanos, responde a su experiencia administrativa, su perfil pastoral y su origen estadounidense, visto como una señal estratégica en un mundo donde Estados Unidos desempeña un papel dominante. La prensa italiana y fuentes vaticanas, como La Repubblica y Sky, habían mencionado a otros papabili como Pietro Parolin, Matteo Zuppi y Luis Antonio Tagle, pero Prevost, menos prominente en las quinielas iniciales, se consolidó como un “tapado” cuya discreción y trayectoria lo hicieron idóneo.
El nombre de León XIV no es casual. Al adoptarlo, Prevost rinde homenaje a León XIII (1878-1903), cuyo pontificado marcó el inicio del magisterio social de la Iglesia con la encíclica Rerum Novarum. Este gesto sugiere una intención de abordar los desafíos sociales contemporáneos —desigualdad, cambio climático, migración— desde una perspectiva enraizada en la doctrina, pero abierta al diálogo. Sin embargo, su elección también evoca comparaciones con el contexto actual: al igual que León XIII navegó un mundo en transición tras la pérdida de los Estados Pontificios, León XIV asume el liderazgo en una era de secularización, conflictos globales y crisis financieras en el Vaticano. Algunos posts en X destacan que su papado podría enfocarse en negociar con líderes mundiales, incluido el presidente estadounidense Donald Trump, para estabilizar las finanzas vaticanas, que enfrentan un déficit estimado de 100 mil millones de dólares.
Los desafíos que enfrenta León XIV son formidables. La secularización en Occidente ha reducido la influencia de la Iglesia, mientras que el crecimiento del catolicismo en África y Asia exige una mayor representación de estas regiones. Los escándalos de abusos sexuales, aunque abordados con mayor rigor bajo Francisco, requieren una vigilancia constante para garantizar transparencia y justicia. Las finanzas vaticanas, marcadas por déficits crónicos y casos de corrupción, serán una prioridad, especialmente tras el escándalo del cardenal Giovanni Angelo Becciu. Además, el nuevo papa deberá responder a cuestiones teológicas y pastorales que dividen a los fieles, como la ordenación de mujeres diáconos, la reforma del celibato y el acompañamiento a las personas LGBTIQ+. Su postura, descrita en algunos círculos como “ambigua” en temas sensibles, podría ser un intento de mantener un equilibrio entre apertura y tradición, aunque esto arriesga alienar a ambos extremos del espectro eclesial.
En el ámbito global, León XIV asume el papado en un contexto de tensiones geopolíticas, con conflictos en Ucrania, Oriente Medio y el Indo-Pacífico. Como papa estadounidense, su voz tendrá un peso particular en el diálogo con Washington, especialmente en temas como la libertad religiosa, la migración y la ayuda humanitaria. Su experiencia en América Latina, donde visitó países como Chile y trabajó con comunidades vulnerables, lo posiciona para fortalecer los lazos con una región que representa casi la mitad de los católicos del mundo. En su primer gesto tras la elección, León XIV impartió la bendición Urbi et Orbi desde el balcón de San Pedro, un momento que congregó a unas 11.000 personas en la plaza, según la Jefatura de Policía de Roma. Su mensaje inicial, aún no pronunciado al cierre de esta edición, será clave para entender las prioridades de su pontificado.
La elección de un papa norteamericano rompe paradigmas y plantea preguntas sobre el futuro de la Iglesia. Algunos analistas ven en León XIV un “muro de contención” frente a las políticas de líderes conservadores como Trump, mientras otros lo consideran un puente para recuperar las donaciones estadounidenses, vitales para las arcas vaticanas. Su formación agustina, que enfatiza la comunidad y la introspección teológica, podría influir en un estilo pastoral sobrio, pero firme. Sin embargo, su relativo conservadurismo, comparado con el progresismo de Francisco, podría generar tensiones con quienes esperaban una profundización de las reformas. En X, las reacciones son mixtas: mientras algunos celebran su elección como una sorpresa providencial, otros expresan cautela sobre su capacidad para liderar una Iglesia fracturada.

En la “habitación de las lágrimas”, donde Prevost se vistió con la túnica papal por primera vez, es probable que haya sentido el peso de una responsabilidad que trasciende lo humano. La tradición cuenta que este espacio, junto a la Capilla Sixtina, es donde el nuevo papa confronta la magnitud de su misión. León XIV, con su experiencia en la Curia, su conexión con América Latina y su origen estadounidense, tiene ante sí la oportunidad de redefinir el papel de la Iglesia en un mundo en crisis. Su pontificado, que comienza bajo el signo de la continuidad y la novedad, será juzgado por su capacidad para sanar divisiones, restaurar la credibilidad del Vaticano y ofrecer una voz profética en un tiempo de incertidumbre. Mientras Roma y el mundo esperan sus primeras palabras, la figura de León XIV ya se perfila como un enigma: un pastor agustino, un diplomático discreto y, ahora, el vicario de Cristo en una era que exige tanto fe como audacia.







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