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Sanciones y misiles (pero no Tomahawks): la 'venganza' de Trump al plantón de Putin



Esta última semana ha sido un torbellino de emociones. Primero, para el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, que vio cómo las esperanzas de recibir los misiles de largo alcance Tomahawk estadounidenses saltaban por los aires después de una llamada entre Donald Trump y Vladímir Putin. Segundo, para el propio líder ruso, que pasó de estar a punto de viajar a Budapest para reunirse con el republicano a estar sujeto a una ronda de sanciones de Washington contra el sector petrolero de Rusia.

Donald Trump anunció este miércoles medidas punitivas contra el principal motor económico del país, con el objetivo de presionar a Putin a comprometerse seriamente a un "proceso de paz" que ponga fin a la guerra en Ucrania. Ha sido el último giro político del presidente y la primera vez que se imponen sanciones contra el Kremlin desde que Trump inició su segunda legislatura.


Hasta ahora, se había limitado solo a nombrarlas, para después retractarse. Fue lo que ocurrió en julio pasado, cuando dio 10 días a Moscú para que alcanzara una tregua con Kiev. Llegó el plazo sin que se tomara ninguna decisión ni se impusiera ningún castigo. Poco después, el presidente estadounidense se reunió con su homólogo ruso en Alaska, donde no se produjo ningún avance específico para conseguir la paz.


La segunda reunión, esta vez en Budapest, ha sido el punto de partida para que Donald Trump haya decidido castigar al Kremlin con las sanciones, que afectan principalmente a las dos mayores petroleras rusas, Rosneft y Lukoil. Hasta ahora, solo había impuesto aranceles del 25% a la India como castigo por su compra de energía rusa.


Esta última semana ha sido un torbellino de emociones. Primero, para el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, que vio cómo las esperanzas de recibir los misiles de largo alcance Tomahawk estadounidenses saltaban por los aires después de una llamada entre Donald Trump y Vladímir Putin. Segundo, para el propio líder ruso, que pasó de estar a punto de viajar a Budapest para reunirse con el republicano a estar sujeto a una ronda de sanciones de Washington contra el sector petrolero de Rusia.

La semana pasada, después de una llamada con Putin, se anunció una cumbre en las próximas semanas en la capital húngara para, una vez más, intentar marcar el camino hacia un alto al fuego. Pero Putin demostró, también una vez más, que no está dispuesto a ceder ni un ápice sus exigencias territoriales en Ucrania. "Ha llegado el momento de detener la masacre y de un alto el fuego inmediato", declaró el secretario del Tesoro, Scott Bessent.

Trump, por su parte, se mostró irritado con la postura de Putin. "Cada vez que hablo con Vladimir, tengo buenas conversaciones, y luego no llegan a nada", dijo el presidente estadounidense. Además, argumentó claramente por qué había decidido, de forma repentina, cancelar la reunión en Budapest. "No parecía que fuéramos a llegar a donde debíamos llegar. Así que la cancelé". El mandatario hizo gala de su ya reputación como político impredecible cuando anunció las sanciones. "Simplemente sentí que era el momento adecuado", aseguró.


Esa sensación fue el resultado de unos días casi frenéticos, en los que pasó de considerar la posibilidad de enviar misiles de largo alcance a Ucrania, a planear la cumbre con Putin en Budapest, a presionar a Ucrania que cediera todo el Donbás a favor del Kremlin y a pedir un alto al fuego en las actuales líneas de frente, una opción que Putin ha rechazado.

Este último detalle, después de que el estadounidense pareciera favorecer políticamente al líder ruso, confirmó lo que algunos analistas ya habían vaticinado: que acabar con el conflicto en Ucrania sería más complicado de lo esperado.


"Durante la campaña electoral del año pasado, Trump prometió que podría poner fin a la guerra en Ucrania en cuestión de horas. Desde entonces, ha abandonado esa promesa, alegando que poner fin a la guerra está resultando más difícil de lo que esperaba. Es un reconocimiento poco común de los límites de su poder y de la dificultad de encontrar un marco para la paz cuando ninguna de las partes quiere o puede permitirse abandonar la lucha", escribió el periodista Anthony Zurcher en un análisis para BBC.


Trump reconoció que Ucrania es un duro hueso de roer, después de conseguir un acuerdo de alto al fuego entre Israel y Hamás. Pero no podía quedarse de brazos cruzados después de la inmovilidad del mandatario ruso a avanzar en el camino hacia la paz. "Putin lo humilló y avergonzó múltiples veces al negarse a aceptar un alto el fuego", dijo Stephanie Baker, autora del libro Castigando a Putin, a Times Radio. "Trump mantiene la esperanza de que sus nuevas sanciones contra Rusia obligarán a Putin a volver a la mesa de negociaciones", añadió.


Esta ha sido una de sus grandes prioridades políticas desde que llegó a la Casa Blanca, como el camino hacia la que fue durante meses su gran obsesión: ganar el Nobel de la Paz. El presidente estadounidense ha afirmado en varias ocasiones haber acabado con más de media docena de conflictos y, tras la firma del alto al fuego en Gaza, fue ampliamente alabado tanto en el Parlamento israelí como en la subsiguiente cumbre de Egipto. Trump quiere hacer lo posible para que se repita esa escena y, ahora más que nunca, buscará sentar a su homólogo ruso en la mesa de negociaciones.

Por eso ha tomado la decisión de imponer sanciones contra el sector petrolero ruso, una medida que había evitado hasta la anterior Administración de Joe Biden. En Washington, no se ha perdido la esperanza de que Trump y Putin vuelvan a estrecharse las manos, y en Budapest tampoco. "Los preparativos están en curso y la única cuestión es el momento oportuno, no la intención", dijo el ministro de Asuntos Exteriores de Hungría, Péter Szijjártó, en una publicación en X.


Sin embargo, esta postura no coincide con la retórica del Kremlin. "Nos gustaría reafirmar que la Federación Rusa parte sistemáticamente del carácter no negociable de los objetivos de la operación militar especial, declarados en febrero de 2022", afirmó Maria Zakharova, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores.


Thomas Graham, miembro del Consejo de Relaciones Exteriores, alejó las expectativas de cambio en la política rusa: "Si la Casa Blanca cree que esto va a conducir a un cambio radical en la conducta del Kremlin o en la política de Putin, se están engañando. El Kremlin ha sido muy bueno eludiendo este tipo de sanciones", aseguró a The Guardian.


Sin embargo, otras voces aseguran que Trump es el único que puede hacer sentar a Vladímir Putin a negociar. "Dada su poderosa posición (la del presidente) y su visión sobre este asunto, él es el único que puede sentarse con Putin y lograr que cambie su cálculo", dijo Mark Rutte, secretario general de la OTAN, tras su reunión con el mandatario. "Estoy absolutamente convencido de que con una presión sostenida podremos conseguir que se siente a la mesa para acordar un alto el fuego y luego otras conversaciones", aseguró.


Mientras la OTAN y la Unión Europa presionan a Washignton para que aumente su presión sobre Rusia, Volodímir Zelenski también está intentando adquirir los misiles de largo alcance. Los esfuerzos para asegurarse los misiles Tomahawk se frustraron la semana pasado pero, este miércoles, medios estadounidenses informaron que la Administración Trump permitiría a Ucrania utilizar misiles Storm Shadow suministrados por Reino Unido. Estas armas fueron utilizadas en un ataque reciente a una planta química rusa en Bryansk, para el que Washington habría levantado una restricción vigente hasta ahora, informa The Wall Street Journal.


Estados Unidos puede restringir el uso del Storm Shadow por parte de Ucrania, ya que estos misiles utilizan datos de orientación de Washington. Y, según los analistas, esta sería otra parte de la estrategia de la Casa Blanca para presionar a Moscú a avanzar hacia un acuerdo de alto al fuego. Trump ha negado oficialmente que haya levantado la restricción. "Estados Unidos no tiene nada que ver con esos misiles, de donde sea que vengan, o lo que Ucrania haga con ellos", escribió en redes sociales.


El uso de los Storm Shadows por parte de Ucrania no supone un cambio radical en el campo de batalla, y tienen un alcance mucho menor que los Tomahawks estadounidenses. Sin embargo, estos misiles permiten a las tropas de Kiev expandir sus ataques dentro de Rusia.

Una de las principales preocupaciones es el impacto que realmente pueden tener las sanciones y si Donald Trump mantendrá la presión suficiente contra Vladímir Putin para forzar unas conversaciones de paz. "La verdadera preocupación es la confiabilidad. Trump cambia de opinión con frecuencia y pocos confían en que mantendrá las sanciones", concluye Joni Askola, analista geopolítico afincado en Finlandia, en redes sociales.

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