Sánchez tras la turbulenta sesión en el Senado: "Estoy satisfecho"
- Nicolás Guerrero

- 31 oct 2025
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5 horas de tensión, ese ha sido el resultado de la comisión de investigación de ayer, en la que el Presidente del Gobierno estaba citado a declarar. La forma en la que salió Pedro Sánchez del Senad0 (con una evidente satisfacción y casi euforia entre los suyos) y la que lo hicieron los senadores de la oposición (con mucho menos entusiasmo y una sensación de que nadie había sido capaz de asestarle un golpe definitivo) explica muy bien por qué el PP se lo pensó tanto. “Muy contento, muy satisfecho”, respondía el presidente a los periodistas al dejar el Senado.
El PP lo meditó muchísimo. Incluso en los momentos más complicados para el Gobierno, cuando estuvo realmente al borde del precipicio con la entrada de su ex secretario de Organización Santos Cerdán en la cárcel, el PP fue retrasando la comparecencia de Pedro Sánchez en el Senado. También cuando se manifestó con el lema “mafia o democracia”, Alberto Núñez Feijóo iba dando largas y no terminaba de apretar el botón nuclear. La respuesta que entonces ofrecían en su entorno era siempre la misma: eso hay que medirlo bien, es arriesgado porque se puede volver en contra. Hay que elegir el momento adecuado.
Los populares le dieron mucha importancia al hecho de que Sánchez contestara constantemente con evasivas. Hasta las contaron, 18 no me consta, 11 no lo sé, 7 no tengo constancia, 6 no recuerdo, 6 lo desconozco, 3 no sabría decirle, 2 no tengo conocimiento, es decir 53 imprecisiones. Feijóo se centró en ellas como resumen de la comparecencia. A falta de un buen titular escandaloso de alguna metedura de pata del presidente, el PP quedó con las evasivas.
La dirección del PP, que fue la responsable de tomar esta decisión arriesgada de traer a Sánchez a la comisión y además hacerlo en este momento, trataba de buscar el lado más amable para ellos de la jornada. “Aunque muchos ya piensen que el presidente sale vivo incluso antes de que empiece la comisión, lo cierto es que tener que comparecer ahí, que todos los medios conecten en directo mientras el presidente de la comisión le dice que está obligado a decir la verdad, es un golpe más a su imagen. No solo en España, sino también fuera. Toda Europa le va a ver en esa foto sentado ahí, también sus compañeros del Consejo Europeo. Y eso cada día le debilita más. Como dijo hoy Miranda, Sánchez aspiró a dirigir la OTAN y el Consejo Europeo y ahora solo aspira a ser el único no encausado en el caso Koldo”, señalan en el PP.
Casi nadie más comparte esta visión optimista del desempeño de los populares en una comisión en la que Feijóo, al día siguiente de una demoledora imagen de Mazón insultado en el funeral de las víctimas, se jugaba mucho. Toda la estrategia del PP está centrada en la corrupción, y por eso este jueves era un hito muy importante del que esperaban una victoria muy clara que casi nadie percibía en los pasillos del Senado.
En el Ejecutivo se ha instalado una idea con mucha fuerza hace tiempo. Esto es, que Alberto Núñez Feijóo no tiene un equipo fuerte, no prepara a fondo los temas, y comete errores que ayudan al Gobierno en sus momentos más difíciles. Este jueves terminó de consolidar esa sensación en La Moncloa. Porque el asunto no es tanto si el senador Miranda ejecutó mejor o peor la estrategia, sino qué le habían preparado en el equipo de Feijóo que lo asesoró para intentar poner en aprietos al presidente. Sánchez y su núcleo de confianza llevaban semanas dándole vueltas a un día clave, y por eso iba pertrechado de todo tipo de papeles con frases, datos, argumentos, fichas... Tantos que hasta estrenó en público unas gafas para poder leerlos bien. Miranda también se había preparado mucho, según explicó, pero después lanzó muchas preguntas a modo de ametralladora, pero no dejaba ni siquiera que Sánchez pudiera cometer errores contestándolas, pasaba enseguida a la siguiente y a veces tenía que retirar la anterior. Y mezcló todo tipo de temas, incluido uno extemporáneo como Venezuela, lo que permitió a Sánchez defenderse mejor. “Otro éxito indiscutible de Feijóo”, se burlaba a la salida un ministro. “Un desatino más de un partido sin nadie al volante”, concluían en el entorno del presidente.
“Esto es así, yo hago preguntas. Y no hace falta que usted responda"
Miranda, el portavoz del PP en el Senado, había construido un modelo de interrogatorio en el que no pretendía argumentos, ni datos, ni explicaciones. Solo quería un “sí o no” para poder utilizar luego esa afirmación o negativa en su beneficio, política, mediática o judicialmente. No lo logró. A Sánchez no se le escapó ningún aserto sintético, tajante, delator. Sí se le escurrieron muchas sonrisas, alguna carcajada y bastantes caras de desconcierto por cómo transcurrió la comparecencia.
Lo que sí negó “absolutamente” fue que el PSOE se haya financiado irregularmente, con dinero negro. Sánchez aprovechó esa fijación del senador del PP por los billetes y sobres con fajos en metálico para diferenciar ese uso legal y permitido en su partido de las condenas ya sentenciadas contra los populares por sus métodos de financiación.
Sánchez se desplegó así durante varias horas tranquilo, con la sensación de que estaba superando la prueba mucho mejor de lo que él y su entorno habrían esperado, excepto por el modo en el que el árbitro que presidía la cita, el senador del PP Eloy Suárez, tomaba partido hasta el punto de acusarle de querer imponer una estrategia de dilación y distracción al responder como creía oportuno. Antes de que saltara al ruedo el portavoz del PP hubo otro instante crítico en el que pareció sobrevolar por el Senado el elefante de Carlos Mazón, cuando varios ponentes próximos al Ejecutivo progresista se lamentaron de este tipo de comparecencias de torquemadas inquisitoriales hacia el presidente del país mientras el valenciano sigue sin comparecer en nada. El mediador Suárez no lo consintió.
El elefante desapareció, pero para Sánchez continuó “el circo”, que fue como intentó en un primer instante salir al paso de cómo conducía presuntamente la sesión el presidente de la comisión hasta que irrumpió el portavoz del PP. Alejo Miranda se sabía examinado desde que el PP abrió un concurso interno muy secreto para determinar qué tipo de fiscalizador podía poner en órbita tras 90 sesiones de una comisión en la que ha quedado ya asentado que los populares han perdido más oportunidades que celebrado victorias.
Miranda, además, no es un senador cualquiera y Sánchez se lo llevaba bien trabajado. El parlamentario se quiso proteger de su currículo, como representante del PP de Madrid de Isabel Díaz Ayuso, anticipándole a Sánchez por si no le conocía que en 2020 sufrió la covid y estuvo hospitalizado, en la UCI, entubado y enchufado mientras algunos de sus excolaboradores en el Gobierno y el PSOE se forraban con mordidas de la trama Koldo.
Parecía que el asunto se centraba, pero fue lo contrario. Miranda concatenó a continuación tal cantidad de dilemas sin aguardar aclaración alguna que en el mismo potaje metió alusiones a la banda del Peugeot que acompañó a Sánchez en las primarias, el domicilio de su hermano en un pueblo portugués, noticias sin contrastar de pseudodigitales, las saunas de su suegro fallecido, las mujeres de Ábalos, el caso Delcy, el caso Air Europa, la fontanera Leire Díaz, la dictadura de Venezuela y Maduro, el papel del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, el del juez Peinado...
El teórico protagonista de la comisión no perdió nunca los papeles, ni el control de sus modales, pero sí llegó un punto en el que se reconoció impotente, porque no se le dejaba ya decir nada y le imploró al presidente de la comisión que se le permitiera responder. “Sí o no, no hace falta que se enrolle”, soltó el senador Miranda, que cuando ya llevaba encadenadas decenas de exigentes aclaraciones se le ocurrió plantear, por si valía y para estirar su deposición, que renunciaba a todas las ya formuladas.
Sánchez, entonces, sí le recriminó a Miranda que aludiese a tantos escándalos del PSOE y no se le permitiese refrescar, hablando de mascarillas y comisiones, los dos millones que se llevó la pareja de Isabel Díaz Ayuso o las corrupciones del hospital Zendal que ese senador del PP impulsó como gran ideólogo cuando ejerció como director general de Infraestructuras Sanitarias del Gobierno madrileño.











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