Maduro, encarcelado en Nueva York tras su captura en Caracas
- Lucía Ferrer

- 3 ene
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Actualizado: 4 ene

La secuencia de acontecimientos que se ha desarrollado en las últimas horas sitúa a Venezuela en el epicentro de una crisis sin precedentes y redefine de forma abrupta el papel de Estados Unidos en el país sudamericano. El presidente estadounidense, Donald Trump, ha elevado el tono de manera explícita en su primera rueda de prensa tras la captura de Nicolás Maduro, al amenazar con una segunda oleada de ataques militares si el chavismo opone resistencia. “Vamos a gobernar Venezuela hasta que haya una transición segura”, afirmó el mandatario, en una declaración que trasciende la lógica de una operación puntual y apunta a un escenario de control directo durante una fase de transición aún indefinida.
Trump confirmó que la operación militar lanzada de madrugada sobre Caracas y otros puntos estratégicos del país contó con la participación de unas 150 aeronaves y culminó con el arresto de Maduro y de su esposa, Cilia Flores. Ambos están siendo trasladados por vía marítima a Nueva York, donde serán juzgados por delitos de narcotráfico y posesión de armas. El presidente estadounidense añadió que las compañías de su país se harán cargo de la industria petrolera venezolana, introduciendo de forma explícita un componente económico en una intervención que ya había alcanzado una dimensión política, militar y judicial extraordinaria.
Las declaraciones de Trump contrastaron con su posición respecto a la oposición venezolana. El republicano negó que la líder opositora y premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, cuente con “el apoyo y el respeto” necesarios para liderar una transición política. Sus palabras llegaron después de que Machado afirmara públicamente que la oposición estaba “preparada para tomar el poder” y celebrara la captura de Maduro como un paso para que responda por lo que calificó de crímenes atroces. La ambigüedad de Washington respecto a un liderazgo alternativo en Caracas refuerza la idea de que Estados Unidos pretende mantener el control del proceso, al menos en su fase inicial.
Desde Caracas, la reacción del Gobierno venezolano ha sido errática y contradictoria. La vicepresidenta Delcy Rodríguez exigió la liberación inmediata de Maduro, al que definió como “el único presidente de Venezuela”, y aseguró que el país no va a ser “colonia de nadie”. Estas declaraciones se produjeron después de que Trump afirmara, en esa misma comparecencia, que Rodríguez se había puesto a disposición de Washington, una afirmación que la dirigente chavista desmintió implícitamente con un discurso de confrontación directa. Horas antes, Rodríguez había reconocido que el Ejecutivo desconocía el paradero de Maduro y había pedido “pruebas de vida”, un mensaje que evidenció el impacto inicial de la operación estadounidense y la pérdida de control informativo del régimen.
La captura de Maduro fue anunciada por Trump a través de Truth Social, donde afirmó que el presidente venezolano había sido “capturado y trasladado fuera de Venezuela”. En el mismo mensaje confirmó ataques militares estadounidenses dentro del país, tras registrarse explosiones en zonas civiles y militares de Miranda, Aragua, La Guaira y la capital. Según fuentes gubernamentales citadas por la cadena CBS, Trump había dado luz verde a la operación días antes. Altos mandos militares estadounidenses llegaron a valorar la posibilidad de atacar el día de Navidad, pero finalmente priorizaron operaciones en Nigeria contra el Estado Islámico, lo que apunta a una planificación escalonada y a una gestión simultánea de varios frentes militares.
El ministro de Defensa venezolano, Vladimir Padrino, calificó el ataque de “ruin y cobarde” y denunció una invasión que, a su juicio, responde a la “insaciable codicia” de Estados Unidos por los recursos estratégicos del país. Padrino informó de la búsqueda de posibles heridos o fallecidos y aseguró que, pese a la agresión, Venezuela no se doblegará. El Gobierno decretó el estado de emergencia y llamó a la población a defender el país, situando al conjunto de la sociedad en un escenario de movilización forzada y máxima tensión interna.
A lo largo de la mañana, Trump fue ampliando la información y aseguró que Maduro y Flores se encontraban en el buque anfibio USS Iwo Jima, rumbo a Nueva York. La fiscal general de Estados Unidos, Pam Bondi, confirmó posteriormente que ambos serán juzgados en el tribunal del Distrito Sur de Nueva York por delitos de narcoterrorismo, narcotráfico y corrupción. En un mensaje difundido en redes sociales, Bondi afirmó que “ambos enfrentarán pronto la ira de la Justicia estadounidense, en suelo estadounidense y en juzgados estadounidenses”, subrayando la voluntad de Washington de llevar el caso al máximo nivel judicial.
El Departamento de Justicia hizo público un nuevo documento de acusación de 25 páginas que detalla los cargos contra Maduro. El texto sostiene que durante más de 25 años dirigentes venezolanos abusaron de sus cargos para importar toneladas de cocaína a Estados Unidos, corrompiendo instituciones públicas. Según la acusación, Maduro comenzó a participar en operaciones de narcotráfico desde sus primeros años en la Administración, cuando era miembro de la Asamblea Nacional y, presuntamente, movía cargamentos de cocaína bajo protección de las fuerzas del orden. El documento también señala que, como ministro de Relaciones Exteriores, facilitó pasaportes diplomáticos a narcotraficantes y cobertura diplomática a vuelos utilizados para el lavado de dinero, y que ya como presidente permitió que la corrupción alimentada por el narcotráfico prosperara en beneficio propio, de su entorno y de su familia.
Bondi detalló que Maduro y Flores están acusados de conspiración narcoterrorista, conspiración para importar cocaína, posesión de ametralladoras y dispositivos destructivos, y conspiración para poseer ese armamento. Se refirió a ambos como “dos presuntos narcotraficantes internacionales” y agradeció explícitamente a Trump y a las Fuerzas Armadas estadounidenses la ejecución de una misión que calificó de “increíble y exitosa”. Washington llevaba años ofreciendo una recompensa de 50 millones de dólares por Maduro, al que identifica como líder del denominado cartel de los Soles y de la organización criminal Tren de Aragua, acusaciones que el Ministerio de Exteriores venezolano había calificado previamente de “patraña”.
En el plano militar, el alcance de la operación ha quedado parcialmente al descubierto. Trump reconoció que un helicóptero estadounidense fue alcanzado durante el ataque y que dos militares resultaron heridos, aunque aseguró que no hubo víctimas mortales. El Pentágono bombardeó Fuerte Tiuna, la principal base militar del país; La Carlota, la mayor base aérea; y el Cuartel de la Montaña, un enclave de alto valor simbólico donde reposan los restos de Hugo Chávez. Los ataques inutilizaron la antena conocida como el Volcán, dejando sin señal a la televisión pública, y alcanzaron el puerto de La Guaira y el aeropuerto de Higuerote, en el estado de Miranda.
La captura de Maduro fue ejecutada, según fuentes estadounidenses, por la unidad de élite Delta Force. Se trata de un cuerpo especializado en operaciones de alto riesgo y máxima confidencialidad, implicado en misiones como la eliminación de Abu Bakr al-Baghdadi en 2019 o la operación contra Osama bin Laden. Su participación refuerza la tesis de una acción quirúrgica, diseñada para extraer al objetivo principal mientras los bombardeos aseguraban el perímetro operativo.
El secretario de Estado, Marco Rubio, fue el primero en confirmar la detención, versión respaldada posteriormente por Trump. El senador republicano Mike Lee explicó que las acciones militares tuvieron como objetivo proteger al personal estadounidense encargado de ejecutar la orden de arresto y defendió que la operación se ajusta a la autoridad presidencial para proteger a fuerzas estadounidenses frente a amenazas inminentes, aunque el poder de declarar la guerra recaiga en el Congreso.
Además, el ataque perpetrado esta madrugada por Estados Unidos en Caracas ha matado al menos a 40 personas, según publica el diario New York Times. Entre las víctimas mortales hay tanto militares como civiles, según un alto funcionario venezolano que ha hablado con el periódico bajo condición de anonimato.
Trump dejó claro que la amenaza de una segunda oleada de ataques es real. Aseguró que su Administración estaba preparada para lanzar una ofensiva “mucho mayor” si fuera necesario y que, aunque asumieron desde el inicio que una segunda oleada sería probable, el éxito del primer ataque podría hacerla innecesaria a corto plazo. Aun así, insistió en que todas las opciones siguen sobre la mesa.



















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