EE.UU. Ataca Instalaciones Nucleares de Irán; Teherán Responde con Misiles Contra Base Estadounidense en Qatar
- Nicolás Guerrero

- 23 jun 2025
- 8 Min. de lectura

En la madrugada del 22 de junio de 2025, el mundo despertó con la noticia de que Estados Unidos, bajo el liderazgo del presidente Donald Trump, había ejecutado un ataque militar sin precedentes contra tres instalaciones nucleares iraníes: Fordow, Natanz e Isfahán. La operación, bautizada como “Martillo de Medianoche”, marcó un punto de inflexión en el conflicto en Oriente Próximo, que ya se encontraba en un estado de alta tensión tras los ataques iniciales de Israel contra Irán el 13 de junio. Esta acción estadounidense, descrita por Trump como un “éxito militar espectacular”, desencadenó una respuesta iraní que, apenas unas horas después, en la tarde del 23 de junio, sacudió la base aérea de Al Udeid en Qatar, la mayor instalación militar estadounidense en la región. Lo que sigue es un relato detallado de los eventos, sus implicaciones y las reacciones globales, basado en fuentes de primera mano, informes oficiales y un análisis exhaustivo de la situación.
El ataque estadounidense comenzó en las primeras horas del sábado, cuando siete bombarderos furtivos B-2 Spirit despegaron de la base aérea de Whiteman, en Missouri, rumbo a Oriente Próximo. Estas aeronaves, únicas en su capacidad para transportar las bombas antibúnkeres GBU-57A/B Massive Ordnance Penetrator (MOP), de 13.600 kilogramos, fueron el núcleo de la operación. Según el general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, la misión involucró a 125 aeronaves, incluidos los B-2, que lanzaron 14 bombas MOP sobre Fordow y Natanz, mientras que un submarino, posiblemente el USS Georgia, disparó 30 misiles Tomahawk contra las instalaciones de Isfahán. El objetivo, según el presidente Trump, era “destruir por completo” la capacidad de enriquecimiento de uranio de Irán, al que calificó como “el principal patrocinador del terrorismo en el mundo”. En un discurso televisado desde la Casa Blanca, Trump afirmó que las tres instalaciones habían sido “volatilizadas”, aunque la eficacia real de los ataques aún no ha sido confirmada de manera independiente.
Irán, por su parte, reaccionó con una mezcla de indignación y desafío. El ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, calificó la operación como una “grave violación” de la Carta de las Naciones Unidas, el derecho internacional y el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares. En una publicación en la red social X, Araghchi advirtió que los ataques tendrían “consecuencias duraderas” y que Irán se reservaba “todas las opciones” para defender su soberanía. La televisión estatal iraní, citando a funcionarios de la Organización de Energía Atómica de Irán, afirmó que las instalaciones habían sido evacuadas previamente y que los daños no eran significativos. Sin embargo, imágenes satelitales publicadas por medios occidentales, como la BBC, mostraron un impacto considerable en Fordow, con al menos dos túneles de acceso destruidos, aunque la profundidad de la instalación dificultaba evaluar el daño total.
El conflicto escaló rápidamente cuando, en la tarde del 23 de junio, Irán lanzó un ataque con misiles balísticos de corto y mediano alcance contra la base aérea de Al Udeid, ubicada a las afueras de Doha, Qatar. Esta base, cuartel general avanzado del Comando Central de Estados Unidos (Centcom), alberga a unos 10.000 efectivos, entre militares y civiles, y es considerada la instalación estadounidense más estratégica en Oriente Próximo. Según un comunicado de las Fuerzas Armadas iraníes, el ataque fue “devastador y poderoso”, diseñado como una respuesta directa a la agresión estadounidense. La televisión estatal iraní difundió imágenes de misiles despegando, acompañadas de música militar y un mensaje que describía la acción como “una respuesta fuerte y exitosa”. Testigos en Doha reportaron varias explosiones, y la cadena Al Jazeera confirmó que las sirenas de alerta resonaron en la capital qatarí.
El Ministerio de Defensa de Qatar, sin embargo, afirmó que sus sistemas de defensa aérea “interceptaron con éxito” los misiles iraníes, asegurando que no se registraron víctimas ni daños significativos en la base. Doha, que mantiene una relación delicada con Irán como vecino en el Golfo Pérsico, condenó el ataque y anunció que se reservaba el derecho a responder, aunque no especificó qué medidas tomaría. Según una fuente citada por The New York Times, Irán habría avisado a Qatar con antelación sobre el ataque, en un intento de minimizar bajas y reducir el riesgo de una escalada mayor. Este gesto, interpretado por algunos analistas como una señal de contención, fue acompañado por una declaración del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, que afirmó que el número de misiles utilizados equivalía al de bombas empleadas por Estados Unidos en sus ataques nucleares, sugiriendo un deseo de mantener la respuesta proporcional.
La Casa Blanca, que había sido alertada de una “amenaza creíble” contra Al Udeid horas antes, según la BBC, convocó una reunión de urgencia tras el ataque iraní. Un alto funcionario estadounidense, citado por Reuters, confirmó que el Pentágono estaba monitoreando de cerca la situación y evaluando posibles represalias. El presidente Trump, en una publicación en su plataforma Truth Social, calificó el ataque iraní como “un error grave” y advirtió que “si Irán no busca la paz, enfrentará consecuencias mucho peores”. Sin embargo, el secretario de Estado, Marco Rubio, adoptó un tono más conciliador en una entrevista con Fox News, reiterando que Estados Unidos estaba dispuesto a negociar con Irán si este abandonaba su programa de enriquecimiento de uranio. Esta aparente contradicción entre la retórica beligerante de Trump y el enfoque diplomático de Rubio reflejó las tensiones internas dentro de la administración estadounidense, que enfrenta presiones tanto de aliados como Israel, que abogan por una postura dura, como de sectores domésticos que critican la intervención militar.
El ataque a Al Udeid no fue el único reportado. Medios iraníes y una fuente israelí citada por Haaretz afirmaron que Teherán también lanzó un misil contra la base aérea de Ain al-Asad, en Irak, aunque fuentes iraquíes desmintieron que se hubiera registrado algún impacto. Esta discrepancia subraya la dificultad de verificar la información en un contexto de guerra híbrida, donde la propaganda y la desinformación juegan un papel central. Lo que sí está claro es que Irán, consciente de su inferioridad militar frente a Estados Unidos, optó por una respuesta simbólica pero audaz, dirigida a demostrar su capacidad de retaliación sin cruzar umbrales que pudieran desencadenar una guerra total.
El contexto de estos eventos es crucial para entender su magnitud. Desde el 13 de junio, cuando Israel lanzó una ofensiva contra instalaciones nucleares y militares iraníes, ambos países han intercambiado ataques casi diarios. La entrada de Estados Unidos en el conflicto, tras semanas de creciente retórica beligerante de Trump, marcó un cambio significativo. El presidente estadounidense, que durante su campaña prometió evitar guerras extranjeras, justificó la operación como una medida preventiva para impedir que Irán desarrollara armas nucleares, un argumento que ha sido cuestionado por expertos y por los propios servicios de inteligencia estadounidenses. En marzo de 2025, la directora nacional de Inteligencia, Tulsi Gabbard, afirmó ante el Congreso que Irán no estaba buscando fabricar un arma nuclear, una evaluación que contrasta con las afirmaciones de Trump y del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu.
Las reacciones internacionales han sido un reflejo de las profundas divisiones globales. Rusia, un aliado clave de Irán, condenó los ataques estadounidenses como una “violación flagrante” del derecho internacional y advirtió que podrían desestabilizar aún más la región. El viceministro de Exteriores ruso, Serguéi Riabkov, afirmó que, con voluntad política, el programa nuclear iraní podría ser restaurado, sugiriendo un posible apoyo técnico de Moscú. China, por su parte, instó a todas las partes a actuar con moderación y expresó su preocupación por el impacto en las rutas comerciales del Golfo, especialmente el estrecho de Ormuz, que Irán ha amenazado con cerrar. La Unión Europea, a través de su alta representante para la Política Exterior, Kaja Kallas, abogó por una solución diplomática y calificó el cierre del estrecho como “extremadamente peligroso”. Sin embargo, la UE evitó confrontar directamente a Estados Unidos, lo que refleja su delicada posición como aliado de Washington.
En el ámbito árabe, las reacciones fueron más matizadas. Arabia Saudita, aliado clave de Estados Unidos, condenó la violación de la soberanía iraní, pero llamó a la comunidad internacional a buscar una solución política. Qatar, atrapado en el centro del conflicto, expresó su preocupación por las “tensiones” y pidió moderación, mientras que Omán reiteró su oferta de mediación. Egipto advirtió del riesgo de un “caos regional” si la escalada continúa. En América Latina, países como Brasil y México pidieron contención, mientras que Cuba y Venezuela respaldaron a Irán, denunciando la “agresión imperialista” de Estados Unidos.
Dentro de Estados Unidos, el ataque a Irán ha generado una polarización significativa. Los republicanos, en su mayoría, han respaldado la acción de Trump, aunque figuras como el senador Rand Paul y el congresista Thomas Massie han criticado la falta de autorización del Congreso. Los demócratas, liderados por el senador Tim Kaine, han cuestionado la legalidad de la operación, argumentando que viola la Constitución al no contar con una declaración de guerra. Una encuesta de The Washington Post, publicada el 23 de junio, reveló que el 45% de los estadounidenses se oponen a la intervención militar en Irán, mientras que el 53% de los votantes de Trump consideran que Estados Unidos debería mantenerse al margen del conflicto.
En Irán, el ataque estadounidense ha fortalecido la narrativa de los sectores más duros del régimen, que ven en la agresión extranjera una oportunidad para unir al país. El líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei, aún no ha emitido una declaración oficial, reportedly desde un búnker, lo que ha generado especulaciones sobre su estado de salud y su capacidad de liderazgo en un momento crítico. El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), que desempeña un papel central en la respuesta militar, ha prometido represalias que causarán un “arrepentimiento perdurable” a Estados Unidos. Sin embargo, analistas como Sanam Vakil, del centro de estudios Chatham House, advierten que Irán enfrenta un dilema: una respuesta demasiado débil podría dañar su prestigio regional, pero una reacción excesiva podría provocar una devastadora retaliación estadounidense.
El ataque iraní a Al Udeid, aunque limitado en alcance, ha demostrado que Teherán no está dispuesto a ceder ante la presión militar. Sin embargo, su decisión de avisar a Qatar con antelación y de calibrar la respuesta sugiere un intento de evitar una escalada incontrolable. Por otro lado, Estados Unidos, con su superioridad militar abrumadora, enfrenta la presión de responder al ataque iraní sin desencadenar una guerra regional. La posibilidad de que Irán cierre el estrecho de Ormuz, por el que pasa el 20% del petróleo mundial, sigue siendo una amenaza latente, aunque los mercados, hasta ahora, han reaccionado con relativa calma, con los precios del crudo apenas variando el 23 de junio.
El futuro inmediato es incierto. La reunión de urgencia del Consejo de Seguridad de la ONU, convocada a petición de Irán, no logró avances significativos, con Estados Unidos y sus aliados defendiendo la operación como una medida de “legítima defensa preventiva” y Rusia y China condenándola como una agresión. La OTAN, liderada por el secretario general Mark Rutte, respaldó los ataques estadounidenses, argumentando que estaban en línea con el derecho internacional, aunque evitó comprometerse a una acción militar conjunta. Mientras tanto, Israel continúa su campaña contra Irán, con nuevos ataques reportados el 23 de junio contra objetivos militares en el oeste del país.
Lo que está en juego va más allá de las instalaciones nucleares o las bases militares. Este conflicto tiene el potencial de reconfigurar el equilibrio de poder en Oriente Próximo, de alterar las cadenas de suministro energético globales y de profundizar las divisiones entre las grandes potencias. Para Irán, se trata de preservar su soberanía y su influencia regional; para Estados Unidos, de proyectar fuerza y respaldar a su aliado israelí; para el resto del mundo, de evitar una catástrofe que podría tener consecuencias impredecibles. En un momento en que la diplomacia parece haber sido reemplazada por los misiles, la pregunta es si las partes involucradas encontrarán una vía para la desescalada o si, por el contrario, el “Martillo de Medianoche” será el preludio de un conflicto aún más devastador.







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